miércoles, 19 de diciembre de 2012

Área R. Aguas Blancas - Cerro Buenavista (Sierra de Huetor - Granada)

La luna llena me recibe a la salida de casa.

Un poco por debajo del área recreativa, construcción restaurada.

Parte alta del Área Recreativa Aguas Blancas.

El primer dique que hay que salvar por la derecha.

El fondo del barranco, por el que discurre el sendero conserva bastante nieve todavía.

Restos de árboles, frecuentes en los márgenes del sendero.

Barranco bastante cerrado por donde discurre la primera parte del sendero.

A ambos lados abundan los pinos junto con cerrado sotobosque.

Cantera de grava que atravieso. 

Mi destino al que no sabía muy bien como llegar.

Cerro Buenavista en cuya loma están las construcciones a las que me dirijo.

Restos de algún cortijo aunque se adivinan también los de alguna trinchera junto a ellos. 

Beas de Granada desde arriba.

Charcos congelados que adoptan curiosas formas.

Las manchas verdes son pequeños pinos replantados.

En la zona se han efectuado talas selectivas para aclarar el bosque.

Cortes que nos indican le edad de los pinos.


Las que había visto hasta ahora, muy esquivas, no se han dejado fotografiar. 

Reflejos en la poza del afloramiento del agua.

Recorrido del arroyo por el área recreativa.

Tres mirandome atentamente.

El río Aguas Blancas a la altura de la Fuente de los trucheros.

Embalse de Quentar.





Fecha:29-11-2012                                                             Área R. Aguas Blancas   8h.
M.I.D.E.:2,2,3,3.                                                                  Bifurcación                     9'30h
Duración: 7h (35.000p)                                                     Cerro Buenavita            10'45h.
Desnivel en subida: 600 metros                                         Cantera Grava              12'30h.
Rangos de temperatura: -1ºC a10ºC.                                Área R. Aguas Blancas  14'00h. 




Una persona feliz es una persona que hace, que crea, que cambia, que se mueve, y a la vez ese movimiento genera bienestar, satisfacción. (Esteban Aguilar).


Allá por julio de 2011 me animé a hacer una salida por la Sierra de Huetor (remontando el río Aguas Blancas), para visitar la parte de la derecha, la ubicada al este, separada ambas por la autovía que prácticamente secciona el parque de noreste a suroeste.

La parte este del Parque Natural Sierra de Huétor es bastante más desconocida a la vez que más pequeña (alrededor de un tercio). Es cierto que desde las instituciones la quieren resguardar del fuerte impacto a que se ve sometida la otra mitad ya que por su cercanía a Granada capital (apenas 20 kilómetros) es un destino habitual tanto para los senderistas, familias que utilizan sus áreas recreativas, como para los buscadores de setas.

Esta protección se manifiesta en la inexistencia de senderos señalizados, de los que no conozco ninguno y en el mismo sentido se han manifestado las personas relacionadas con el Parque a las que he consultado. Sólo la transitan infinidad de carriles, ampliados últimamente por los trabajos en la zona, por lo que si no se tiene un amplio conocimiento lo más probable es perderse.

Los pinos, en algunos casos de más de veinte metros y el terreno dificultan la orientación ya que apenas dejan ver unas decenas de metros por delante de nosotros. Si a ello sumamos que las lomas son, en su mayoría redondeadas, no presentando características propias definitorias, nos podemos hacer una idea de la dificultad de transitar por estos parajes dada la falta de hitos válidos para la orientación.

Decido entrar por la carretera de Quentar para una vez dejado atrás el pantano del mismo nombre recorrer unos cinco kilómetros hasta tomar un carril (a izquierdas) con el cartel de: “Área recreativa Aguas Blancas”. Enseguida aparco el coche porque el carril está fuertemente bacheado y éstos llenos de hielo. Tengo que hacer unos dos kilómetros para llegar a la mitad alta del área recreativa, junto al afloramiento de agua que da inicio a éste ramal del río Aguas Blancas.

Junto a este nacimiento y pegado a la valla metálica que lo salvaguardia de los animales, arranca un sendero que entreví en mi anterior acercamiento a la zona y que quedó a la espera de otra ocasión. Discurre durante su primera hora por el fondo del barranco que encauza el agua de lluvia, con paredes laterales que se acercan al centenar de metros. En diez minutos aparecen dos casetas desde donde arranca una conducción subterránea, imagino que para suministro. Durante todo el recorrido el agua viaja subterránea.

Enseguida nos encontramos con que tenemos que salvar un dique por la derecha para proseguir nuestro camino. Unos minutos más tarde nos encontramos otro, éste colmatado que lo único que retiene es un verde prado, ya que los arrastres lo han cegado totalmente. El fondo del barranco se mantiene buena parte del día en umbría lo que ayuda a que se mantenga la nieve caída días pasados.

Por aquí todavía se notan los estragos del gran incendio de 1994 que calcinó unas 8.000 hectáreas (prácticamente la mitad afectaron a la extensión del propio Parque). Hoy me voy a mover por zonas afectadas por el incendio con islas que sobrevivieron y muestran ejemplares de pino que ostentan gran tamaño, junto con otros que aun enseñan sus troncos en descomposición o calcinados.

Tras una hora de caminar me encuentro con un carril, decido cogerlo por la izquierda anotando mentalmente el otro ramal para andarlo durante un rato a la vuelta si voy bien de tiempo. En suave ascenso va caracoleando hasta llegar a una cantera de grava. Prosigo sin detenerme con la intención de visitarla de regreso. Mientras recorro el rodeo que el carril hace para salvar el tremendo socavón de la cantera diviso al fondo y arriba (suroeste), coronando un cerro una caseta de observación contra incendios.

Sabedor de que estos observatorios están emplazados en sitios estratégicos con amplias vistas, me encamino decididamente hacia él. El problema es que no conozco nada de la zona y el acercamiento ha de ser intuitivo. Por lo pronto sigo el carril ya que lleva la dirección correcta. Pronto me deja en la estacada ya que comienza a bajar y no es eso lo que yo estoy buscando, sino subir (Collado del Muchacho 1.505 m).

Retrocedo y encuentro un pequeño sendero medio oculto por las espículas y los restos de nieve que a falta de otro mejor me decido a recorrer. Lo peor que me puede pasar es que no me lleve al destino elegido, pero a eso he venido: a recorrer esta parte de sierra. Durante más de media hora de serpentear por el senderillo, sin posibilidad de orientarme visualmente ya que en ningún momento diviso la caseta a la que me dirijo, bien tapada por la vegetación o por el propio desnivel de las lomas que asciendo, acabo encontrármela de repente poco por encima de mí: estoy en el Collado del Lobo (1.609) a mi derecha el cero que soporta la caseta (1.675m.) a mi izquierda el cerro Buenavista con su punto geodésico (1.664 m).

He durado poco en su cima a pesar de los amplios panoramas que se contemplaban porque el frio aire racheado me ha despedido rápidamente al no poder entrar en la caseta ya que estaba cerrada. Desde arriba he visto en otro cerro cercano los restos de unas edificaciones y hacia ellas me he encaminado. Bajar, subir, para volver a bajar y subir de nuevo: es lo que tienen las sierras. Las ruinas, algunos muros, debían pertenecer a algún cortijo aunque junto a ellas había otras estructuras que me han recordado y mucho a las trincheras de otras zonas de esta sierra.

Ya de regreso me he acercado a la cantera de grava, que están intentando recuperar en parte mediante la siembra de pinos, si los dejan prosperar los motoristas de fin de semana que la han acogido como campo de prácticas para remontar las arenosas paredes laterales con sus cabalgaduras, rompiendo las ramas de los pequeños plantones sembrados.

Para hacerme cabal idea de sus dimensiones la he recorrido apreciando paredes verticales en algún sitio de más de 20 metros de altura. Está formada por dos “hoyas” unidas por un desfiladero. Una vez dentro se aprecia en toda su grandeza el gran bocado que le han pegado a la montaña para la extracción de arena. Poco más adelante hay otra cantera, ésta en servicio y alguna otra más divisada desde la atalaya del Buenavista en las cercanías.

De nuevo en la bifurcación y ya que iba bien de horario he decidido recorrer durante una media hora el otro ramal del carril desechado esta mañana. No me ha llamado la atención salvo el disfrute de algunos de los ejemplares de pino más grandes que he divisado durante todo el día. Aprovechar para comentar que están haciendo labores de aclarado por estos bosques, por lo que permanecen muchos de ellos allí donde han caído junto a sus tocones, a la espera de ser retirados.

Recorrer el cañón, esta vez de bajada hasta llegar de nuevo al área recreativa Aguas Blancas para descender por el carril los dos kilómetros que me separaban del coche. Iniciar el retorno con una parada pendiente en la Fuente de los Trucheros, ya en la carretera asfaltada, junto al cauce del río Aguas Blancas para beber y rellenar la botella.

Aun haré una parada más junto al pantano de Quentar para tomar algunas fotografías, intentando captar los diferentes reflejos en el agua, azul intenso en los sitios ensombrados o verde turquesa en los soleados. El nivel del pantano está alrededor de un metro por debajo de su nivel máximo y os puedo asegurar que el río Aguas Blancas ayuda con un abundante caudal en que pueda subir ese último metro.

Aunque he divisado diferentes ejemplares de cabra montés a lo largo de la mañana, el hecho de moverme en los lindes o fuera del Parque hacen que los animales sean más esquivos y no ha sido hasta las primeras horas de la tarde cuando he podido fotografiar algunas de ellas. Un precioso macho solitario con un pelaje en perfectas condiciones y una tríada de curiosas hembras. Hoy tampoco han faltado a mi cita.




Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.