miércoles, 28 de noviembre de 2012

Sierra de Baza IV - Floranes Cortijos del tío Capote y Arredondo (Granada)

Entrada por el carril a la Casa Forestal de Floranes.

La mañana no pintaba nada bien.

Justo por encima del cortijo del Tío Capote se acaba el sendero.

Ruinas del cortijo "Tío Capote".

Antiguos bancales para el cultivo en las inmediaciones del cortijo.

El abandono de décadas se deja notar.

El arroyo Bodurria con la Fabriquilla detrás.

Restos de los hornos embutidos en los muros laterales.

Lo que queda del edificio principal.

Vista general de "La Fabriquilla".

Paseando por la ribera del arroyo.

Iniciando el segundo recorrido.

Poco después de pasarlo el carril mengua a sendero.

Cuando los pinos escasean aparece el esparto.

Vuelven a bajar las nubes.

Cortijos avistados durante el recorrido en la loma de enfrente (solana).

La niebla baja apenas me deja ver éste.

Acercándome de nuevo al arroyo Bodurria.

Finalizando el segundo sendero.

Descomponiéndose de pié.

Arroyo Bodurria.

Restos de nieve sobre manto de espìculas cobrizas.

Mirador de Barea.

Escalera de acceso al mirador.

Desde el mirador, lo que las nubes me dejan ver.

Desde el mirador: las nubes van ganando terreno.





Fecha:15-11-2012                                                                Refugio Floranes                 9’00h.
M.I.D.E.:2,2,2,2.                                                                 Cortijo Tío Capote             10’00h
Duración: 7h30’ (29.000p)                                                  Bifurcación                         11’15h
Desnivel en subida: 320 metros                                         Cortijo Arredondo              12’30h
Rangos de temperatura: de 8ºC a los 12ºC                       Refugio Floranes               14’00h 
                                                                                             Mirador Barea             14'15h-15'30h


Una sociedad será grande cuando los ancianos siembren árboles aunque sepan que nunca se sentarán a su sombra.

Esta cuarta visita al macizo de la Sierra de Baza tiene como punto de partida el mismo de la anterior: Casa Refugio de Floranes y también como en la anterior voy a intentar enlazar dos recorridos ya que su longitud no es excesiva y su desnivel acumulado tampoco: 320 m. Los senderos propuestos para hoy sólo comparten algo menos de media hora de marcha en su inicio y son lineales en el resto ambos.

El primero se denomina Floranes – Cortijo del Tío Capote con una longitud de algo menos de dos kilómetros y un desnivel algo superior a los 200 metros. El segundo Floranes – Arredondo, más extenso se prolonga durante más de cinco kilómetros presentando un desnivel de poco más de 100 metros. Calificados con dificultad media con trechos de fuertes desniveles.

Para acceder al punto de partida me remito a la entrada anterior donde detallé cómo llegar: Sierra de Baza III. (Punto kilométrico 32'4 de la señalización antigua). Las buenas previsiones metereológicas no se han cumplido. A la llegada caía una fina lluvia, abundante y racheada, que no aconsejaba iniciar la marcha. Después de tantos kilómetros merecía la pena esperar y eso he hecho hasta las 9 de la mañana en que por fin ha dejado de llover y he podido iniciar la ruta.

Floranes – Cortijo del Tío Capote.

La información me anticipa que por este sendero voy a descender hasta las aguas del arroyo Bodurria, entre pinares al principio, atravesando zonas adehesadas salpicadas de cortijos para acabar caminando por entre bosque de ribera junto al cauce del río Gallego. A tramos iré totalmente “ciego”, para desembocar, de pronto en algún claro como inmenso mirador.

El sendero parte como los de la anterior entrada junto a la casa forestal de Floranes. Comienza el recorrido por una pista que tras unos cientos de metros nos situará en los inicios de los dos recorridos programados para hoy, una vez que llego hasta un cortafuegos junto a un amplio collado entre dos cerros significativos: a mi izquierda el más alto, el de Alonso (1.700 m.), y a la derecha el Cerro Panizo (1.608 m.), collado utilizado habitualmente como aparcamiento de los buscadores de setas.

En este punto comienza la balización del primer recorrido de hoy con un fuerte descenso (desnivel máximo 209 metros). Esta senda discurre de forma paralela a un barranco transitado por uno de los múltiples arroyos que acaba como todos ellos, tributando al Bodurria. Aquí comparten territorio con los pinares de repoblación, las encinas y gran variedad de plantas aromáticas. Estas plantas permitieron el desarrollo de actividades como la apicultura o la elaboración de esencias naturales (tomillo, romero, espliego y mejorana).

Todo el Parque está salpicado de cortijos (margen izquierda del arroyo, solana de la ladera), en su mayoría en estado ruinoso, pero aun así son un testimonio de la arquitectura popular con características claramente adaptadas al medio. Como confirmación a lo expuesto aparece de pronto, la señalización de “fin de sendero”, justo por encima de la era del cortijo del Tío Capote, donde destacan las estructuras de lo que debió ser casa principal junto a corrales, la propia era, pajar y bancales de cultivo, (todo ello en ruinas).

Sigo descendiendo loma abajo, ya sin sendero que me guíe, para poco más adelante, tras atravesar el pequeño barranco Plaza, llegar al propio cauce del arroyo Bodurria, que una vez cruzado me permite deambular por las distintas paratas bajas del cortijo así como las ya pertenecientes a otro que se asentaba enfrentado al primero “La Fabriquilla” (antigua fundición de plomo), también en ruinas pero del que todavía se pueden apreciar los restos de los hornos encastrados en los propios muros, donde fundían el mineral así como alguna ventana con sus rejas.

Una vez satisfecha la curiosidad y recorrido un tramo del arroyo, con abundante agua de la nevada y de la lluvia, sólo me queda retroceder hasta el inicio para emprender la andadura por el segundo sendero previsto para esta jornada. Aunque corto en su recorrido éste sendero presenta fuerte rampa de subida, toda ella acumulada en el regreso.

Floranes – Arredondo

Este segundo recorrido por paisajes prácticamente despoblados pero con claras huellas de la presencia humana hasta épocas recientes, transita entre pinares, bosques de ribera y terrazas de cultivo. Quedan restos de antiguos cortijos, avisto algún molino e incluso una antiquísima fundición de plomo. Este sendero se puede hacer como prolongación del de Bastidas Floranes, ocupando así una buena jornada de campo.

Iniciamos el recorrido por pista forestal dejando a nuestra derecha el descrito anteriormente, para continuar por la carretera que pronto dejará de serla tras salvar un pequeño barranco por un conservado puente, para convertirse en un sendero que a media ladera atravesará multitud de barrancos, dominando gran parte del curso del arroyo Bodurria, que mantendré hasta el final siempre a mi derecha.

Mientras recorro el sendero, avisto en la ladera de enfrente, diversos cortijos: La Loma, o el de Pinar Hoya, la antigua fundición de plomo conocida como La Fabriquilla; todo un rosario de cortijos abandonados. En el discurrir de mi andar percibo casi de continuo el rumor del agua que baja por los barrancos de Plaza y de la Petronila y el más llamativo, el propio Bodurria señalizado por la cinta vegetal compuesta de álamos, juncos, mimbres y zarzas que aportan su colorido peculiar.

El despoblamiento general que aprecio en esta zona es similar al que sufre otras zonas del Parque Natural, producido mayoritariamente durante los años sesenta del siglo pasado originado por las masivas emigraciones.

La escasa nieve que resiste tras la reciente nevada de este fin de semana pasado, destaca en pequeñas manchas, allí donde la temperatura o la lluvia de hoy no la ha desecho, sobre el manto cobrizo de las espículas caídas que cubren el suelo.

El tramo final del recorrido recoge tanto un tramo de bajada hasta cruzar el Bodurria, como una subida de alrededor de algo más de un kilómetro, por el que atravesamos una zona de terrazas de época musulmana y hoy cubiertas por los pinares de repoblación, aunque alguna de ellas aun muestra plantaciones de nogales. El cortijo de Arredondo con sus construcciones de piedra pone fin a este sendero.

Existe constancia documental de esta finca desde 1626, propiedad de una familia bastetana de origen prerromano. La formaban tres cortijos: Pinarillo, Carrasquilla y el de Arredondo, con las laderas cubiertas de encinares y pinares y las vegas dedicadas al cultivo con variados árboles frutales, que todavía se pueden apreciar en los alrededores del cortijo, en las distintas terrazas creadas para el aprovechamiento agrícola, tanto de cereales como de frutales, siendo la complementaria ganadería la fuente principal de ingresos.

Durante el recorrido, si se hace en silencio, se pueden avistar los ciervos y las cabras, muy esquivos ambos en esta sierra debido a la caza a la que se ven sometidos, así como las huellas en el terreno de los jabalíes patentes por sus hozadas en busca de raíces o los revolcaderos donde toman sus baños de barro. Los zorros también abundantes muestran su presencia por las deposiciones típicas, ya que comparten en numerosas ocasiones senderos, haciendo recorridos generalmente nocturnos de hasta cuarenta kilómetros.

Sólo resta volver sobre mis pasos para disfrutando los paisajes que llenan estos recorridos en sentido contrario y con otra luz, ya que a ratos levanta la niebla algo para después volverse a recostar en las laderas, regresar hasta el punto de partida: la Casa Forestal Floranes, para antes de retirarme definitivamente, disfrutar con la vista de los secuoyas cercanos a la entrada de la casa.

Recorrido apto para todas las edades ya que no presenta rampas pronunciadas, el sendero es amplio y está bien marcado y delimitado y su longitud (once kilómetros, ida y vuelta), es apto para casi cualquiera. Las panorámicas y la vegetación hacen recomendable su visita en otoño y/o durante la primavera tardía.

Mirador de Barea

Ya con el coche salgo a la carretera, para antes de concluir definitivamente la jornada, remontar por ella unos seis kilómetros, donde nace un carril a derechas en que se anuncia, entre otras direcciones un mirador. El tráfico está restringido así que aparco y hago el trayecto de unos dos kilómetros a pie. Quiero visitar uno de los miradores que más amplias vistas de esta sierra ofrece al caminante: Mirador de Barea. Desde él se divisa prácticamente medio Parque Natural de Sierra de Baza, al menos eso publicitan las informaciones leídas, hoy yo, debido a las nubes bajas no he tenido tanta amplitud de miras. En teoría si el día lo permite se podrían divisar otros espacios naturales como son la Sierra de Cazorla, Segura y las Villas, Sierra de Castril, Sierra de la Sagra, Sierra de María y Sierra Nevada.

Ubicado en la cima de una pequeña elevación rocosa, junto a una de las curvas de la pista forestal, se ha acondicionado con una escalinata confeccionada de piedra por la que ascender hasta la cima, protegida con balaustrada de troncos de pino sobre pilares de piedra. El sitio es inmejorable y la extensión que se llega a visualizar es extensa y variada.

Dentro del espacio que abarco de esta sierra destacan los calares (grandes masas calizas de relieve suave y redondeado), como el de Santa Bárbara (2.271 m.), techo a su vez de este parque), el de Rapa y el de San Sebastián, formando barrancos y cumbres casi inaccesibles lo que proporciona protección y cobijo a algunas especies de flora y fauna. Destacar la línea de vegetación que por su distinta coloración atrae mi atención: el bosque de ribera que alimenta el arroyo Bodurria y que lo dibuja durante largo recorrido visible por su barranco.


Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.