miércoles, 31 de octubre de 2012

Puntal de Vacares (Sierra Nevada - Granada).



Creo que he madrugado excesivamente.

Los colores otoñales comienzan a mostrarse.

Puente del Burro para salvar el río Genil. Aquí es donde comienza realmente la subida.

La nieve caída a finales de septiembre casi ha desaparecido por completo.

Sólo se mantiene en las cumbres y en sus caras norte.

Balsa recuperada en el paraje denominado  Corral de la Umbría (2.000 m).

Toda la loma del Calvario presenta similar aspecto.

El Puntal de Vacares junto a dos de los grandes (Alcazaba y Mulhacén).

Puntal de Vacares y Alcazaba desde el Collado.

Aspecto que presenta hoy la Laguna de Vacares sufriendo la escasez propia del mes.

El camino de subida para coronar el Puntal de Vacares se hace por la izquierda.

Calibrando opciones.

Canchales por encima de los Prados de Vacares.

Desde el precario refugio ubicado a media loma.

En la bajada me demoro junto a la balsa recuperada para refrescarme. Tiene una entrada de agua limpia.

Las nieves o agua caída hace días han coloreado la loma en sus cotas bajas.

Río Genil un poco antes de sumar el caudal del río Vadillo.

Las "clásicas" me las he encontrado pastando donde se ubicaba el pequeño y desaparecido refugio Vadillo.

Mientras los castaños y los robles mantienen el color otros comienzan a amarillear.

Pequeña cascada oculta por la maleza donde me he acercado para beber.

Cuando hay humedad abundante hasta las rocas son fructíferas.


Fecha:10-10-2012                                                                                 Bco. San Juan                7’30h.
M.I.D.E.:2,2,3,4.                                                                                     Vadillo                             8’30h
Duración: 8h15’  (44.300p)                                                                 R. Calvario                     9’30h                        
Desnivel en subida: 2.000metros                                                       Collado Vacares           12’45h
Rangos de temperatura: de 13’5ºC a los 23ºC                                 Puntal Vacares            13’30h
                                                                                                                  R.   Calvario                   16’00h
                                                                                                                          Bco. San Juan              17’45h

        Esta entrada no es nueva, por eso mantengo la fecha. He corregido algunos errores, pero he optado por respetar al máximo la prosa por entender que describían con bastante acierto la situación en su momento. 

Puntal de Vacares


Empieza por lo pequeño, conviértete en el actor principal de tu propia película, tal como te gustaría que se desarrollara, acepta la realidad, aprende del fracaso, y se abrirán otros caminos (Enrique Rojas).


Hay recorridos que por no guardar satisfactorios recuerdos de anteriores veces, sobre todo cuando se es joven y no tenía todavía la capacidad de digerir y aceptar las malas experiencias como ahora, he ido relegando, soslayando a la hora de programar subidas a la sierra. La larga Loma del Calvario es quizás el recorrido del que peores recuerdos tengo. Estos malos recuerdos han ayudado a que evite afrontarlo de forma natural como haría con cualquier otro.

Llega el momento en que hay que tomar decisiones para no seguir arrastrando ese tipo de sensaciones negativas: o lo asumo como una limitación más de las muchas que voy acumulando a lo largo de los años, o lo afronto de nuevo a fin de espantar viejos fantasmas. Hoy he optado por la segunda y me he propuesto subir, si mi estado de forma me lo permite, hasta el Puntal de Vacares por lo que tengo que recorrer la Vereda de la Laguna de Vacares (Loma del Calvario) en toda su extensión, que no es poca, desde su nacimiento en la unión de los ríos Vadillo y Genil (1.200 m), hasta la misma cima del Puntal de Vacares (3.136 m).

Durante la primera hora el caminar lo hago alumbrado por la escasa luz de la luna, la amplia y llana vereda no lo convierten en un problema, no obstante creo que he madrugado demasiado. Aun así en cuando los ojos se habitúan soy capaz de ver hasta la tenue sombra que proyecto. Este tramo por la Vereda de la Estrella va a ser el más cómodo y gratificante de toda la jornada, porque voy fresco, porque hacía muchos años que no caminaba bajo la luz de la luna, porque aun el silencio absoluto domina la noche y todo ello aderezado por la práctica falta de desnivel. Es a partir del segundo tramo, una vez que me desvío para bajar y cruzar el río Genil por el llamado Puente del Burro, donde se inicia de forma seria y continuada la ascensión. Una subida de alrededor de 500 metros que debe estar solventada en una hora aproximadamente, hasta acercarme al refugio.

Unos minutos por encima del refugio del Calvario (1.800 m.) se bifurca el sendero, justo por encima de la balsa, ahora rehabilitada, en el paraje denominado Corral de la Umbría, tomando yo el ramal de la derecha. Hasta ahora he compartido trazado con una de las etapas del Sulayr (Peña Partida–La Hortichuela, etapa 18). A partir de aquí el Sulayr llanea por la loma ensombrada por los bosques de pinos de repoblación, en busca del río Vadillo para ascender posteriormente hasta el refugio de Peña Partida.

La vereda que ya sigo asciende por la Loma del Calvario endureciéndose drásticamente a la vez que se difumina a tramos intentando despistarme, pero la experiencia de otros recorridos y la fiel memoria que indica que en caso de duda, hay que elegir siempre el desvío que más bruscamente ascienda, me ayuda a que no la pierda, para en algo más de tres horas de duro esfuerzo llegar al collado, alcanzando la cota tres mil. Para ello busca rápidamente discurrir casi por las crestas rodeando por el este el Puntal de Tajos Negros (2.983 m.) para poco después, una vez atravesado el Prado de la Mina y solventados unos extensos canchales alcanzar el Collado de Vacares (2.968 m).

La interminable subida siempre se me ha hecho larga tanto en subida como en bajada. No en vano hay que salvar alrededor de cuatrocientos metros verticales cada hora de marcha y allá cuando aparece un descanso he de dar por seguro que en algún otro tramo el sendero lo recuperará. A media loma, en medio de la aridez que muestra toda ella aparece hoy una cinta verde que me dice que el agua corre buscando lugares más bajos. Este nacimiento no es propio de estas fechas, en buena lógica debería estar seco. Posiblemente las nieves de finales de septiembre lo han despertado. Pero el hilo de agua que corre loma abajo es tan minúsculo que no es aprovechable y menos observando la cantidad de excrementos vacunos que jalonan su recorrido.

Algo más arriba atravieso un pequeño barranco que naciendo justo en el paso de la vereda se prolonga hacia abajo escoltado en sus dos laterales por afloramientos de masas rocosas que lo delimitan durante su recorrido. Hago mención a él porque en su parte superior, junto a la roca más cercana al sendero hay un refugio elaborado con piedras complementando el abrigo que forma la propia roca. Es bueno saber de su existencia por si es necesario en algún caso de apuro. En la subida puede pasar desapercibido, en cambio durante la bajada se muestra patente.

Siempre que he estado en este collado, antes las varias posibilidades que se presentaban, he escogido la de bajar a la laguna de Vacares, por su atractivo especial, por su casi perfecta redondez cuando está plena de agua, por el pronunciado embudo que la acoge; desechando la corta ascensión al Puntal. Sin embargo hoy es ésta la meta. Esta laguna que soporta diversas leyendas (aporto dos de ellas al final) y que ha sido un hito emblemático a través del tiempo en las excursiones serranas fue descrita ya por Fidel Fernández en el año 1931 como:

 “...cráter misterioso de un volcán extinguido. Ni una hierba nace en las laderas del embudo. La boca es un círculo de escarpas y de torcales, que apenas por alguna quiebra se puede atravesar. Las paredes interiores están formadas por horribles acantilados que descienden con pendiente casi vertical, y en el fondo de aquel gigantesco circo, al pié de la vertiginosa gradería, se advierte un enorme estanque circular, de aspecto triste y melancólico, lleno de agua inmóvil, que por la profundidad parece negra, y sin arroyo que lo alimente ni desagüe que lo drene…”.

Aunque la descripción es muy poética ya que no realista en su primera frase, sí trasmite en el resto la impresión de alguien que por primera vez avista la laguna, sobre todo si la ascensión se ha hecho por la Loma del Calvario y en época estival ya que sólo hemos podido apreciar el terreno indómito y plagado de piedras sin ningún punto de agua en todo el recorrido, aflorando sólo agrestes masas rocosas con algunas de sus paredes casi verticales usadas por las pequeñas rapaces para sus nidadas.

Sólo me queda la corta ascensión de los poco más de cien metros que sobresale el Puntal sobre su collado. Tengo dudas de afrontar la corta subida, “aun estando al alcance de la mano”, por haber sufrido molestias musculares en la pierna derecha, además del desgaste que me ha causado el ascender hasta aquí, creo que tendré que asumir de una vez por todas que ya no me puedo permitir ciertos excesos. Durante la subida he gastado prácticamente todas mis fuerzas y la voluntad, también esquilmada, apenas me sirve de ayuda.

Decido dejar todos los pesos (mochila, bastones, etc.) en el Collado y encaramarme hasta el Puntal. Son apenas 20 minutos, pero cuando estoy arriba me percato de que efectivamente me lo he dejado todo abajo, incluida la cámara. Una vez arriba tras contemplar las diferentes líneas de crestas que recorren uniendo las diferentes cimas de los techos de Sierra Nevada y las profundas depresiones que las delimitan, sólo me queda iniciar el descenso, no sin antes haber saboreado, tras el fuerte y prolongado esfuerzo, la meta alcanzada y haber desterrado definitivamente alguno de los antiguos fantasmas enquistados en la memoria.

De nuevo en el Collado retomar la interminable bajada con algo de precaución para que la pierna no vuelva a resentirse, ya que el descenso, a tramos, se muestra tan exigente como la subida. Aun siendo bajada y con apenas descansos dedico más de cuatro horas en alcanzar el aparcamiento junto al río Genil en el barranco de San Juan donde dejé esta mañana el ve3hículo. El sol ha conseguido abrirse paso desplazando las nubes altas que durante toda la mañana lo han estado ocultando. Aun me quedan unos treinta kilómetros que me separan de una buena ducha y alguna bebida que esté muy, pero que muy fresquita”.

Leyenda de la Laguna de Vacares I                                                                                               

Cuenta la leyenda que en la Laguna de Vacares habita una ondina que, durante la noche, se aparece a los viajeros que allí se encuentran adoptando la figura de un pájaro. Una vez en su presencia se transforma en una bellísima mujer, que mediante engaños y palabras de amor los arrastra hacia el borde de la laguna sepultándolos bajo sus aguas, donde los  devora. Dicen que la mujer-pájaro amó una vez a uno de estos viajeros y por ese amor, en lugar de matarlo, lo subió sobre sus alas transportándolo a su gruta, donde lo convirtió en su compañero y amante. Pero pasado un tiempo, el joven descubrió los cadáveres de aquellos que habían sido devorados por la ondina y presa del terror, urdió un engaño escapando así de su poder. Desde entonces, la mujer no ha vuelto a perdonar a nadie y aun hoy, los viajeros evitan que la noche los sorprenda en las cercanías de la laguna, pues se dice que todo aquel que la vea estará irremediablemente condenado.

Leyenda de la Laguna de Vacares II

Cuenta la leyenda que en el lugar en que hoy se encuentra la Laguna de Vacares, hubo en un tiempo muy lejano un hermoso jardín, al que todos los años acudía una bella princesa a reunirse con su amante. Había sin embargo, un príncipe moro que también la amaba sin ser correspondido y un día, cansado de recibir negativas y cegado por los celos decidió vengarse asesinando a su rival. Así pues, una noche que los amantes se hallaban reunidos, consumó su venganza cortándole la cabeza al joven, que acto seguido, se convirtió en una piedra negra que aún hoy puede verse sobre una de las márgenes de la laguna. Al ver esto, la princesa subió a una peña, comenzó a llorar y tantas fueron sus lágrimas que cubrió el jardín anegándolo por completo, tras lo cual también se convirtió en roca. Dicen también, que a veces se escuchan pavorosos sonidos que provienen del fondo de la laguna, proferidos por el moro que aún grita de celos.
  



Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.