miércoles, 23 de mayo de 2012

Mágina IV (Mata Bejid - Puerto de la Mata y Gibralberca) Jaén

Las nubes, las protagonistas de buena parte de la jornada.

Vista general del Castillo de Mata Bejid

La gran era junto a las ruinas del Castillo.

El interior del Castillo: todo escombros.

Terreno adehesado

La niebla baja no dejaba ver las cimas.

Algunos ejemplares enormes y centenarios.

La fuente con su pequeño abrevadero.

La espesa niebla que me ayuda a formar bucólicas estampas.

En el puerto la nieve cubría casi todo el terreno.

De vuelta, ya con sol, se veían las cosas de otra manera.

Laderas compartidas por cultivos y bosques.

Vista panorámica con castillo y cumbres.

Centro de visitantes Mata Bejid


Enorme Quejigo en el sendero de Gibralberca.

Fuente en el área recreativa de Gibralberca

Vista general del área recreativa

A mediodía casi no quedan nubes.

El pueblo de Cambil.

Fecha: 18-4-2012
M.I.D.E.:2,2,2,2                                                                                                             
Duración: 7h  (34.300p)                                                                     
Desnivel en subida: 800 metros                                                        
Rangos de temperatura: de 9ºC a los 13’5ºC                                

Comparto con Joaquín Araujo plenamente la opinión que expresaba en su blog el pasado día 23/3/2012 opinando sobre la belleza amenazada de nuestro hogar, pequeño hogar planetario:

Apenas conozco mayor bondad que este regalo de incesante belleza que el paisaje nos obsequia todavía con formidable constancia”.

“Me ampara y enseña lo mirado. Heredé de todos los paisajes. Contengo inmensidades que me contienen, pero acepto ser parte, es decir contenido. Soy  de esos lugares, ciclos y procesos que me han hecho posible, física e intelectualmente. Nada me demanda el derredor pero reconozco la deuda y necesito devolver a cambio al menos reconocimiento y gratitud”.
Es la cuarta salida que dedico a la Sierra de Mágina (Jaén) y creo que por ahora va a ser la última a no ser que descubra algún recorrido que me atraiga lo suficiente como para animarme a hacerle otra visita. De los senderos de los que tengo información sólo me quedan dos trazados cortos en las inmediaciones de Mata Bejid y el enlace del recorrido de hoy con el pueblo de Torres. Quedan en la recámara para cualquier otra ocasión.

Me acerco por la autovía de Jaén para en el restaurante El Oasis dejar la autovía y tomar dirección Cambil, llegado al kilómetro 13 de la A-324 una vez pasado el pueblo, coger un carril que se adentra, primero a través de olivares de montaña que ocupan las estribaciones del Almadén (2.032 m) que lo llevamos a la vista, siempre a la izquierda de nuestra subida, para pasar después a terreno adehesado. La entrada del carril es estrecha y sólo están permitidos los vehículos autorizados por lo que recomiendo aparcar el coche unos metros más abajo en una explanada que forma el propio arcén de la carretera.

Esta ruta me va a permitir recorrer el que está considerado como uno de los montes mejor conservados de toda la sierra: el monte público de Mata Bejid. Aquí existe un centro de visitantes que permanece abierto de jueves a domingos durante todo el año, en que facilitan información sobre recorridos y características de la sierra. Quizás el primer atractivo de estos parajes sea el terreno adehesado: el bosque poblado de encinas y quejigos con grandes espacios intercalados por pastos de montaña y numerosos arbustos típicos del monte mediterráneo. También tendré ocasión de visitar restos de asentamientos de otras épocas como el Castillo de Mata Bejid y su era.

Cuando llego esta mañana y paro el coche me percato de que las nubes están tan bajas que apenas dejan ver las cimas de los montes más cercanos. Sopla aire a rachas que arrastran las nubes loma arriba y esto me anima a abandonar el vehículo y comenzar la marcha. Las previsiones hablaban de nubes y claros, me han debido tocar todas las nubes y juntas.

La transición de los olivos al monte mediterráneo, poco antes de llegar al Castillo hierve de vida. Los mirlos presentan una orgía auditiva de trinos, un par de ardillas corretean juguetonas junto a la carretera hasta que se encaraman a una recia encina cuando me ven, un pequeño zorro altera su rutina diaria al detectar mi presencia, las palomas dejan sus posaderos con un enérgico aleteo inicial y los arrendajos, esos escandalosos habitantes de nuestros bosques no tienen inconveniente en anunciar a todos sus vecinos mi presencia. 

A una media hora del inicio del recorrido llego al asentamiento del castillo, paraje denominado el Castillejo. El castillo queda a la izquierda de la pista y tras él escalando las laderas del Almadén un extenso y relativamente bien conservado encinar adehesado, salpicado de verdes prados de pastoreo todos ellos buscando escalar hasta la cima del cerro. Toda esta Dehesa a pesar de pertenecer hasta 1.862 a la ciudad de Jaén, año en que fue desamortizada, se mantiene en un excelente estado de conservación. Dominado por encinas y quejigos, algunos de gran tamaño, en los que pastorean rebaños ovinos y dependiendo de la época de la visita es frecuente avistar ardillas, arrendajos, pinzones, carboneros; y en primavera estalla la dehesa con multitud de orquídeas y las llamadas rosas de monte o peonías.

Este castillo está ubicado en lo que fue el paso entre las poblaciones de Cambil y Torres por lo que controlaba el tráfico entre ambos a través del puerto de la Mata (1.651 m). Esta posición fronteriza, al igual que otros muchos enclaves de la provincia propició que cambiara en varias ocasiones el control de musulmán a cristiano hasta su conquista definitiva alrededor del año 1.315. Junto al castillo aprecio los restos del cortijo y su era, construida con la técnica de “piedra seca”. Las dependencias del castillo muestran que su uso más reciente ha sido el de aprisco para el ganado. Sólo queda media torre del homenaje y otra en una de las esquinas del gran recinto que ocupó. Actualmente todo en ruinas de las que sólo quedan algunos lienzos de paredes tanto exteriores como interiores y una de las esquinas compuesta de piedras enlazadas que aun hoy muestran prestancia.

El castillo se encuentra a la izquierda del carril, junto a él una gran era (quizás la más grande que haya visto yo hasta ahora) confeccionada con piedras sin argamasa y enfrente las ruinas de un gran cortijo del que al igual que el castillo quedan los muros exteriores y alguna división interior, de los tejados de ambos quedan algunas vigas caídas y algunas tejas rotas, lo demás desapareció hace ya años.  

A algo más de una hora de camino del inicio llego a las inmediaciones de otro cortijo: de “Los Prados”, junto con una gran balsa de agua utilizada como aprovisionamiento en caso de incendio forestal, hoy prácticamente vacía, además de ser un vital criadero para los anfibios de la zona. También visito una fuente unos metros más arriba que alimenta un pequeño abrevadero y un gran platanero de sombra. Siempre debería estar a la vista la imponente mole de la Peña de Jaén, de 2.147 metros y el más occidental de los picos que conforman la cresta de Mágina, hoy todo oculto por las nubes.

Empiezo a ver restos de nieve, imagino que del fin de semana pasado y la niebla se espesa cada vez más haciéndome dudar de la conveniencia de seguir ascendiendo. Me autoconvenzo para seguir hasta el puerto, por si tengo suerte y despeja o al menos se elevan las nubes y me dejan ver algo.

Se afirma que el 80% de la información que recibimos proviene a través del sentido de la vista, por ello nos encontramos tan “indefensos” en la oscuridad o cuando, como hoy, la niebla limita la capacidad de ver. Durante la ascensión sólo diviso de 10 a 15 metros de carril por delante, el resto se lo tragan las nubes. Ello favorece que me concentre más en el oído y perciba mejor cualquier ruido que produce el bosque.

Más arriba llego al Puerto de la Mata, vaguada entre los cerros del Almadén (2.038 m) a la izquierda y el Ponce (2.006 m) a la derecha. Desde aquí en vista de que la niebla no sólo no despeja sino que se espesa más si cabe, decido dar media vuelta. Me faltan unos tres kilómetros para llegar al final, pero dado que no se ve casi nada, creo que no merece la pena seguir. Además me sirve como excusa para otra incursión en el futuro desde la población de Torres, que no conozco, para hacer el tramo hurtado hoy o incluso intentar una ascensión al Almadén.

Una vez abajo, de nuevo en el castillo empieza a despejar. El aire por fin ha conseguido arrastrar las nubes y accedo visualmente a las cumbres nevadas. Como no tengo ánimos para volver a subir, decido acercarme y merodear por el Centro de Visitantes de Mata Bejid a la vez que aprovecho para hacer otro recorrido, este de menor importancia dada su cercanía: Sendero de Gibralberca.

Es un sendero que tras los primeros centenares de metros lineales del principio se convierte en circular para rodear la loma del mismo nombre. Pasa de las laderas sur a las norte en un corto espacio de tiempo, lo que permite contemplar el cambio de vegetación. La primera mitad del recorrido, si seguimos la dirección de las flechas indicadoras nos llevan por entre un bosque de quejigos, arces, cornicabras, pinos carrasco y resinero, encinas. Alguno de los ejemplares realmente voluminoso y longevo.

Llegados al punto más alto del recorrido nos podemos deleitar con las vistas del mar que forman las copas de los pinos a nuestros pies y hoy las cimas de Sierra Mágina nevadas enfrente. Comienza la bajada para tras algunas curvas llegar al Área Recreativa Gibralberca. Está emplazada en una abierta ladera en pendiente donde encuentro una fuente que alimenta a varias piletas de piedra, algún albercón, un pilar de piedra para el ganado, y los bancos, mesas y barbacoas propias de las áreas.

El resto del camino, abandonado ya el bosque mediterráneo, me introduce en terrenos agrícolas, que en Jaén es lo mismo que decir cultivos de olivos, viejos árboles centenarios de un solo pie. Ya cerca de concluir el tramo circular tengo vistas hacia la Peña de Jaén (2.147 m) y el Almadén ahora totalmente despejados y enseñoreando sus cimas blancas de nieve.

El 16-7-2010 titulé una entrada, una de las primeras, como “Salida media frustrada”. Hoy ha sido la segunda vez que no he conseguido llegar al objetivo propuesto. Creo que me puedo dar por satisfecho ya que en casi dos años y más de un centenar de entradas, dos equivale a un uno por cien. Espero que el porcentaje se mantenga en niveles bajos como hasta ahora.  




Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.