miércoles, 29 de febrero de 2012

Jayena, inicio de senderos (Sierra de Alhama - Granada)

Vista del pueblo de Jayena.

Área recreativa "Bacal" de donde arrancan los dos senderos.

Otra vista de los diversos espacios del área recreativa.

Enseguida me encuentro con la primera fuente.

Tajos de Rando donde se separan los dos recorridos.

El frío matutino de menos dos grados se reflejaba en la vegetación.

Por esta loma, casi arriba, me ha perdido el primero de los senderos.

Algunos vestiguos del incendio que asoló estas sierras permanecen para el recuerdo.

Ya junto al cauce del río Bacal.

Remolino

Río Bacal presumiendo de caudal a pesar del invierno tan seco que llevamos.

Remansado a veces.

Presuroso en otras

Vista de finos estratos fracturados a lo largo del cauce.

Restos de "potes" de recogida de la "miera" (resina) son habituales todavía en este sierra.

Cuando el barranco se abre aparece la vegetación arbórea de ribera.

La vegetación ocupa todo el barranco, lo que dificulta en extremo su tránsito.

Hasta los viejos troncos se pintan de verde ayudados por la humedad.

La conducción de agua también tine que cruzar el río, aunque menos veces que yo.

Casi de nuevo, ya de regreso, en el área recreativa Bacal.






Fecha: 1-2-2012
M.I.D.E.:2,2,3,3
Duración: 7h 30 m (29.600p)
Desnivel en subida: 400 metros
Rangos de temperatura: de -2ºC a los 11ºC


Jayena es un pequeño pueblo  de poco más de 1.200 habitantes ubicado en las faldas de la sierra de Alhama (una de las tres que conforman el parque natural), a una cota de 906 metros, cerca de una de las colas del pantano de los Bermejales, vecino próximo de Fornes por el que ya anduve hace unas semanas, siendo una excelente puerta de entrada para el Parque Natural.

Desde aquí parten una serie de senderos que se adentran en las sierras y que voy a tratar de recorrer, si no completos por su amplitud, al menos lo suficiente para hacerme una clara idea de si me merece la pena volver o por el contrario darlos ya por visitados. De este parque natural creo que he hablado bastante a lo largo de las variadas visitas que he hecho por sus entornos, así que no me extenderé hoy más. Sólo recordad que la sierra de Alhamaforma parte del Parque que engloba a otras dos sierras como son la de Tejeda y la de Almijara, ubicadas a caballo entre las provincias de Málaga y Granada entre las que hacen de divisoria, repartiéndose su territorio casi al cincuenta por cien entre las dos provincias.

Según la ruta trazada por el programa de carreteras consultado  me separan del pueblo poco más de 57 kilómetros que a partir de la Malahá discurren por una estrecha carretera típica de montaña por la que hay que circular con precaución, por su estrechez y sus muchas curvas y durante estos fríos días de invierno por la más que posible escarcha acumulada en la carretera. Antes de llegar al Pantano de los Bermejales, me desvío a la izquierda para, primero llegar a Fornes y sin entrar en él proseguir hast Jayena.

Una vez en el pueblo busco los indicadores anunciadores del área recreativa “Bacal” (o Vacal, pues de las dos formas me lo he encontrado escrito), desde donde nacen los senderos que pretendo visitar hoy. Tras algo de callejeo por las sinuosas calles de la población, salgo por un carril estrecho que tras algunas curvas se acerca hasta el río y posteriormente hasta el área. Ocupa el área una extensa zona de pradera con grandes ejemplares de pinos que aportan la sombra y bien surtida de bancos, mesas, barbacoas, algunas duchas y servicios, compartiendo nombre con el río que la orilla.

Estas sierras por su composición calcárea genera un buen puñado de ríos en sus entrañas con un caudal más que interesante y que apenas sufren merma durante el estío, hecho que ha favorecido los asentamientos ancestrales en su entorno y uno de los principales motivos por los que se decidió en estos lugares la construcción del extenso embalse de los Bermejales.

Según los paneles informativos nacen aquí dos itinerarios, cada uno de ellos con su información personalizada: uno denominado “Río Bacal” y el otro “Haza de la Encina”. El primero es un recorrido acompañando al río hasta prácticamente su nacimiento; el segundo es un sendero que remonta las lomas adyacentes hasta conseguir una buena altura por lo que hay que ascender unos 350 metros. Como los dos aparecen como lineales, hay que decidirse por uno de ellos.

Inicio la caminata a las ocho y media con una fresca temperatura de menos dos grados. El principio es común para ambos senderos hasta llegar bajo los “Tajos de Rando”, un cortado que queda a la derecha de nuestro camino. Aquí se separan los dos senderos, el del río sigue en llano acompañando a éste y el  de la Encina comienza a ascender rápidamente por la loma por su cara soleada pasando justo por debajo de los mencionados tajos. No lo dudo ni un instante. Se por experiencias anteriores que los días fríos sin aire hay que ascender para ganar a la vez que altura temperatura. El aire frío pesa más que el caliente por lo que se acumula a ras del terreno y hasta que el sol no le llega se mantienen las bajas temperaturas.

No me equivoco y en cuanto empiezo a ganar altura la temperatura se suaviza notablemente. Tras casi una hora de recorrido por este sendero comienzo a tener problemas para seguirlo ya que cada vez aparece menos marcado, hasta acabar desapareciendo entre la maleza con lo que soy incapaz de seguirlo, para ser asertivo diré que el sendero me ha abandonado. Mientras ascendía divisé otro que discurría por la loma de enfrente, en umbría. Me descuelgo hasta el barranco para enlazar con el entrevisto y tras algunas penalidades lo consigo.

Continúo la subida por el nuevo hasta que tras un buen rato de caminata llego a lo alto de un otero en que vuelve a desaparecer: dos veces en el mismo día es demasiado. Aquí caben dos opciones, dependiendo de la hora, el cansancio y el estado en que esté. Una volver sin pensar nada más: retroceder; otra poner una señal donde pierdo el sendero y comenzar a trazar un círculo de diez o quince metros intentando encontrarlo de nuevo. Si no es efectiva la búsqueda ampliar un poco el círculo hasta encontrarlo o desistir.  

Hoy a mi no me ha resultado por lo que he decidió retroceder. Tras descender por el segundo sendero encontrado he llegado al río Bacal, por lo que he aprovechado para intentar hacer el segundo recorrido. Si bien es un poco tarde, ya que he perdido mucho tiempo en los anteriores intentos, creo que podré terminarlo.

Es este recorrido un auténtico acompañamiento del curso del río, ya que apenas llega a separarse una veintena de metros de su cauce durante todo el recorrido. Bien marcado al principio y con algunos postes verticales indicadores, no impide que tenga que estar muy atento porque la vegetación en las riberas del río es muy abundante y tupida lo que favorece que los diferentes ramales que abren a través de ella los animales me llevan a engaño frecuentemente. Si a esto añadimos que hay que cambiar de orilla más de veinte veces durante el recorrido, os podéis hacer una idea de la problemática.

Los indicadores son escasos y los ramales falsos múltiples, esto hace que varios intentos sean frustrados, lo que conlleva el retroceder frecuentemente hasta encontrar el paso adecuado. El rio no lleva excesivo cauce por lo que su frecuente cruce no supone excesivo problema. La mayoría de los cambios de orilla son obligados por el propio trazado, ya que discurre por el mismo cauce del rio y no siempre hay suficiente sitio entre éste y las paredes que lo delimitan o la vegetación (espinosa en su mayoría) que lo acompaña. Otros son debidos a mis errores, inevitables por otro lado, ya que es sumamente difícil determinar qué paso es el correcto ya que la visibilidad del sendero a más de tres o cuatro metros es nula.

Tras el enésimo cruce desemboca el estrecho sendero en una estrecha pista que se agradece, para poco después desembocar en un amplio descampado junto a un dique de retención para frenar el arrastre de las aguas. Justo en esta intersección me llama la atención por su singularidad la existencia de un bosquete de eucaliptus en la margen derecha, son los únicos ejemplares que he divisado en todo el recorrido. Poco después cruzo perpendicularmente otra pista forestal, ésta con evidente uso de vehículos, siguiendo en mi empeño de llegar a los nacimientos del río que no deben estar lejos, ya que el caudal va mermando visiblemente conforme asciendo por su cauce.

Llega un momento en que el pedregoso carril se divorcia del cauce del rio y serpenteando asciende por la loma de forma decidida hacia el Cortijo Corzola, aprovecho para apuntarme a la deserción y decido darme media vuelta. La hora es avanzada, todavía no he comido y el cansancio ya se deja notar. De nuevo en el dique aprovecho para sentarme un rato, junto al río y comer a la vez que descanso. Por experiencia se que los senderos que dan problemas en su seguimiento, uno de sus sentidos es bastante peor que el otro, y no sé si en la ida he hecho el malo o el menos malo. Irremediablemente lo descubriré en cuanto me ponga en marcha de nuevo.

Con el estómago más lleno y las piernas recuperadas se afrontan las cosas con otra filosofía. Consciente de que no me separan del área recreativa más de dos horas o como sumo tres, he decidido tomármelo con calma. Ahora todo el recorrido es soleado por lo que la temperatura debe rondar los diez grados, buena para caminar con la sudadera todavía puesta temiendo los múltiples arañazos que la maleza está dispuesta a regalarme a la menor equivocación. Y las hay, es el regreso bastante más difícil que la ida o al menos a mi me ha costado bastante más errores. Estos los cometo en su totalidad a la hora de decidir dónde atravesar el cauce. Descubro que me he equivocado cuando me encuentro en medio de un zarzal sin salida. Tras cada intento fallido hay que retroceder para buscar el sitio exacto a fin de encontrar el sendero en la orilla opuesta y os puedo asegurar que no me ha resultado nada fácil.

Al final todo llega y de nuevo el sendero se convierte en pista para ya sin  “estrés” caminar hasta regresar de nuevo al área recreativa. Esta mañana no me demoré, debido al frío, prácticamente nada en ella, así que ahora me dedico a leer toda la información vertical de los distintos paneles y recorrer los distintos servicios de que dispone. Como es habitual, por desgracia en muchos sitios públicos y ésta es una de las áreas mejor dotadas de servicios que yo he visitado, en las duchas con que cuenta la zona faltan las salidas de agua, o las han retirado o simplemente alguien se las ha llevado; las pilas para lavar la vajilla están todas obstruidas e incluso a muchas de las barbacoas les faltan elementos de las parrillas.

El espacio es una amplísima explanada de pradera salpicada de majestuosos pinos que alcancen quizás algunos de ellos los veinte metros. Por esta zona abundaban los pinos resineros, actividad principal ésta de la sangría de los pinos, al igual que en Fornes, a la que se dedicaban muchos residentes de estos pueblos durante buena parte del pasado siglo, mostrando algunos ejemplares, los que sobrevivieron al incendio, las heridas sufridas para su sangría y no es inusual aún ver restos de los potes de barro usados para almacenar la “savia robada”.

Sólo queda recorrer los kilómetros que me separan de Granada de forma tranquila ya que soy consciente de que después de una jornada de caminata los reflejos se ralentizan y la laxitud que invade el cuerpo propia del cansancio, una vez terminado el ejercicio hacen que se tenga que intensificar la atención en la conducción o, como es mi caso, tomármelo con calma ya que ahora no es el momento de “ganar tiempo”. 

No recomiendo hacer este sendero por su alta dificultad en seguirlo dada la abundante vegetación que lo obstruye en numerosos puntos y debido a que corrimientos y avenidas han hecho desaparecer numerosos hitos verticales que lo marcaban, lo que hace muy engorrosa la orientación a pesar de que todo el recorrido está trazado junto al cauce. Me consta, por comentarios de uno de los técnicos del Parque, que se está estudiando la posibilidad de abrir un nuevo itinerario más alto, a media loma, para evitar la maleza, los corrimientos y el que los meandros se lleven trozos del sendero, pero eso por ahora es sólo un proyecto y los tiempos no favorecen este tipo de inversiones económicas. Si a pesar de todo hay algún aventurero que se anime, basta que se lo tome con paciencia pues el recorrido es muy ameno en cuanto a sombra, abundancia de agua y suavidad en su recorrido, sólo protegerse la piel por los seguros arañazos con que nos regalará la vegetación. Y pensad que si yo lo he hecho….



Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.