miércoles, 28 de diciembre de 2011

Joyas granadinas I: Carmen de los Mártires

La subida por los bosques de la Alhambra es una acertada decisión.

Llegando arriba junto al hotel.

El otro acceso recomendado es por el barrio del Realejo.

La puerta de entrada al jardín.

La primera fuente-estatua que nos recibe casi en la puerta.

Desde un pequeño mirador tenemos excelentes vistas hacia la sierra.

El centro del jardín inglés.

Otra de las múltiples fuentes del jardín.

Sugerentes paseos entre setos y paredes vegetales.

Algunos rincones están vedados a la visita pública.

Curiosa aunque algo abandonada fuente - laberinto.

Fuente ubicada en la explanada a las puertas del palacete.

Este otro recorrido nos acerca a la zona de huertas.

Puente de acceso a la isla.


La isla cuenta con exuberante vegetación, alguno de sus árboles son los más longevos del recinto.

La isla, emulando una fortaleza, cuenta con su torreón defensivo.

Dos residentes con amplios derechos adquiridos.

Tunel vegetal formado por cipreses y parras.

Muñones con entidad propia que merecen todo un espacio.

Puesta de sol, primera.

Puesta de sol, segunda.

Puesta de sol, tercera y última.

De regreso.

Recordando a Angel Ganivet.

Puertas escondidas en los bosques de la Alhambra.




Fecha: 28 de diembre de 2011


Hay un espacio ajardinado en Granada que pasa muy desapercibido para los visitantes por estar muy cerca de la Alhambra por lo que queda eclipsado por éste. En las cortas estancias de los visitantes le obligan a elaborar una selección previa de lugares a visitar obviando otros. Naturalmente la primera opción siempre es la Alhambra y si queda tiempo, prefieren visitar el Albayzín e incluso la sierra o la costa, pero no se demoran mucho más en la capital.

Sin embargo el Carmen de los Mártires es un recinto con un encanto incuestionable a pesar de todas las vicisitudes por las que ha pasado a lo largo de su dilatada historia. Posee unas inmejorables y amplias vistas de la ciudad y de la sierra a la vez que engloba en un mismo espacio un conjunto de jardines de diferentes tipos y épocas. Algunos de sus rincones son bastantes antiguos, alternando con otros de más reciente construcción o rehabilitación.

En estos últimos años, cuando se ha permitido su acceso para celebraciones es frecuente encontrarse con alguna boda u otro evento social. Su ubicación y los diferentes espacios que lo componen son aptos para el romanticismo y el deambular perdiéndose por sus jardines durante un rato. Este año en que el tiempo está siendo apacible en cuanto a temperaturas anima a programar alguna visita.

Se puede acceder a él por varios itinerarios distintos, depende del tiempo que tengamos para dedicarle ya que algunos de ellos, el propio acceso es una delicia. Me voy a limitar a mencionar los que se hacen andando. Uno de ellos a través del barrio del Realejo, teniendo como referencia el Hotel Palas ya que prácticamente de la explanada de entrada al hotel arranca el paseo que nos llevará a la puerta. Otro, más verde, es a través de los bosques de la Alhambra, compartiendo el acceso a ésta. Partiendo desde Plaza Nueva, por el paseo central o el izquierdo de la subida llegamos también al inicio del paseo que nos conduce hasta la puerta.

Cuenta con una superficie algo superior a las siete hectáreas, en este jardín se construyó la primera iglesia después de la toma de Granada por orden de la reina Isabel, haciéndose efectiva la orden con la construcción de una ermita en la parte más alta del recinto para conmemorar a los muchos cristianos que sufrieron martirio durante la dominación árabe, de ahí también el nombre de Carmen de los Cautivos, creyéndose que hubo en los alrededores hasta siete mil repartidos por las diferentes cuevas.

Pasaría más tarde a convertirse en convento de los carmelitas descalzos dotado con diferentes capillas, claustro y otras múltiples dependencias. Destruido en el año 1.842, pasó a ser residencia de recreo posteriormente. En el siglo XIX y tras pasar por diversos dueños se construye el actual palacete y se le dota de los distintos espacios ajardinados y el gran albercón con el que cuenta a fecha de hoy.
El Carmen de los Mártires es ahora una bonita mezcla de jardines con diferentes estilos, hay un jardín francés, otro inglés, uno más al estilo español e incluso un último imitando el estilo nazarí. Declarado como Jardín Artístico en el año 1943, pasó a propiedad del ayuntamiento que tras diversas vicisitudes, en que estuvo a punto de desaparecer, se decide restaurarlo y abrirlo al público de forma gratuita.

Pero como entiendo que un jardín es básicamente impresiones visuales, olfativas y auditivas y las segundas no las puedo transmitir, me limitaré a intentar enseñar las primeras a través de algunas fotografías con la esperanza de que os agraden.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Molinillo (Sierra de Huetor - Granada)

Puerta de entrada para el recorrido de hoy.

Ahora sol, más tarde lluvia.

Arco iris al poco de comenzar la jornada.

Cortijo "la Casilla"

"El Cortijillo"

Cortijo "Almuejar"

Cuando las nubes decidieron bajar, yo me mojé.

Gran parte del recorrido lo hago por la cota 1.500 y por este terreno.

Explanada donde se asientan el cortijo "Despeñadero" y el pilar.

Pilar con la leyenda que recuerda a Manuel.

Por encima del pilar se usaron las oquedades en la pared rocosa para habilitar apriscos.

Atravesando el arroyo Prado Negro.

Escondida cascada por la que se desploma el río Fardes.

Desde un mirador aprecio el recorrido del río por los dominios del cortijo La Ermita.

Choperas abandonadas.

Cortijo "La Ermita", propiedad actualmente de la Junta de Andalucía.

Puerta de entrada que nos puede dar una idea de lo que fue en su día.

En una construcción anexa me encuentro estas originales escaleras.

Restos de paratas dedicadas en su día al cultivo de frutales hoy en total abandono.

Junto al curso del río, viejos árboles desgarrados.

Ya de vuelta me las encuentro. Calzan pezuñas con excelente agarre.

Cuidando el harén.


Fecha: 14-12-2011
M.I.D.E.:2,2,2,3.
Duración: 7 horas (39.000p).
Desnivel en subida: 400 metros.
Rangos de temperatura: de 2’5ºC a los 10’5ºC.



He recorrido reiteradamente la parte oeste del Parque Natural de la Sierra de Huétor (a la izquierda de la autovía, dirección Murcia), tanto por senderos cuando los hay, como por pistas de tierra cuando no hay otro remedio. Los que me seguís habitualmente ya sabéis que siempre que puedo escoger, elijo sendero. Pero hay una zona del Parque, su extremo norte, que la he ido dejando porque la única forma de transitarlo, que yo sepa, es por pista forestal, lo que ha motivado que le haya ido dando largas hasta ahora. La mitad este del parque (a la derecha de la autovía) no me ha atraído suficientemente y una de las razones es que no conozco ningún sendero que la transite, creo que solo la atraviesan carriles.

Hoy para el que las previsiones metereológicas no eran muy claras he decidido quedarme por la Sierra de Huétor y hacer ese recorrido aplazado tantas veces. Una buena entrada para ello es El Molinillo y tratar de hacer un recorrido lo más circular posible, subiendo hasta Sillar Alta por un lado para volver por el otro. Trataré de completar la jornada desplazándome hasta Prado Negro para ver una bonita cascada, pasando por la fuente de Manuel (el curandero fallecido hace unos años).

Para acercarme hasta El Molinillo, tomo la autovía dirección Murcia para abandonarla en una de estas dos salidas: la 264 o la 269, cualquiera de ellas me vale. Por la primera tengo que avanzar unos kilómetros; por la segunda retrocedo, en ambos casos utilizo siempre el trazado antiguo de la nacional. El Molinillo era una afamada venta donde muchas veces los granadinos nos hemos tomado una cerveza con buenas tapas. También ha sido conocida por haber tenido en sus inmediaciones su residencia un curandero-santón que habitaba una humilde cabaña por encima de ella y era muy solicitado gozando de buen predicamento, llegando a colapsar la carretera los diversos regalos que iba acumulando.

Tras la construcción de la autovía y el desvío consiguiente del tráfico la Venta bajó mucho en sus visitas y posteriormente la muerte del curandero le acabó dando la puntilla. Hoy es un edificio totalmente abandonado y con peligro de derrumbe. Estaba ubicada en la orilla a la derecha del rio Fardes y en la izquierda hay una aparatosa puerta con aires de grandeza, dando comienzo a un carril que daba servicio a una serie de cortijos sierra adentro. Alguno de ellos de gran extensión con variadas y lujosas construcciones. Todo este terreno conformaba la Finca “La Ermita de San Antonio”.

En mi recorrido de hoy voy a pasar junto a varios cortijos, todos ellos en estado ruinoso excepto uno que permanece habitado. Tras la grandiosa entrada, cerrada a vehículos de motor me adentro en la finca por un carril terrero muy bien conservado. El día está nublado y disfruto de un completo arco iris no excesivamente bien definido, más tarde disfrutaré de otros fenómenos metereológicos no tan idílicos. Tras un par de kilómetros aparece la primera bifurcación: un ramal se encamina en llano hacia lo que fueron las construcciones principales de la propiedad y el otro (hacia la derecha), comienza a ascender. Tomo el segundo que según plano va a ir ascendiendo por la loma con destino a Sillar Alta.

Rápidamente coronando un verde otero me encuentro el primer cortijo de la jornada (Cortijo de la Casilla) con grandes desperfectos y visiblemente dejado a su ventura hasta que aguante, rodeado de verdes prados es utilizado para cobijo de los animales. A la izquierda y a un centenar de metros veo las ruinas, solo algunos trozos de muros, de otro (Cortijo de Romera). Un poco más arriba me encuentro la segunda bifurcación a las puertas de “El Cortijillo”, también utilizado para guardar ganado y con los techumbres con grandes claros. Según los indicadores, tanto un ramal como el otro van al mismo destino: Sillar Alta. Decido tomar el de la derecha y regresar por la izquierda a sabiendas que va a ser una larga caminata y toda ella por carril.

A partir de aquí seguir la interminable pista que va rodeando las lomas, transitando por un bosque abierto de encinas casi con exclusividad y el típico sotobosque mediterráneo. La orografía es la típica de esta sierra con picos por doquier junto a otros cerros más redondeados pero aflorando la piedra en todos ellos y con abundancia de oquedades y cuevas por ser un terreno calcáreo. Durante el recorrido, las nubes cada vez más bajas, acaban por comenzar a desprenderse del agua de forma muy suave pero tenaz. La fina lluvia a la que no doy importancia en principio, dada la persistencia con que cae acaba por imponerme la parada para sacar la capa impermeable de la mochila. Ya se sabe que cuando te proteges deja de llover, pero la tierra del carril se ha empapado y como contiene bastante arcilla se ha creado una capa de barro que la hace sumamente pegajosa, molestísimo para caminar y encima añade peso por la gruesa capa que se va acumulando en las suelas de las botas.

El trazado de la carretera diseñada para enlazar los múltiples cortijos que sembraban esta sierra y con nombres alusivos a alguna característica del terreno o de la vegetación cercana a su ubicación: Mata, Mina, Mojino, Solana, Cañada Espinosa…, la hace dar vueltas y revueltas a través de los cerros, lo que acaba siendo tedioso. Me estoy moviendo por una cota cercana a los 1.500 m. y con los altibajos normales a cualquier recorrido por sierra se va a mantener la altura casi hasta el final en que decididamente emprenderé la bajada para acercarme a otro cortijo: Almuejar, quizás el más grande de los visitados hasta ahora, también en estado ruinoso con una gran patio o aprisco interior.

Abandonado el último cortijo, en una cerrada y cercana curva a izquierdas y cansado de caminar por la pista, descubro un arranque de sinuoso sendero que no dudo ni un momento en coger. Aunque no conozco el terreno, me basta comprobar que la dirección aparente del mismo me conviene, para lanzarme por él con la esperanza de que no tenga que retroceder más adelante. La vegetación es tan tupida entre las encinas y el matorral más bajo que apenas veo diez o quince de metros por delante el discurrir de la vereda. La dirección se mantiene y la constatación de que en su día tuvo que ser un recorrido muy transitado por lo bien marcado que aun permanece, son datos suficientes para seguir depositando mi confianza en él.

Tras un rato de apacible y suave bajada con la atención puesta en no pincharme demasiado por los rosales y duras aulagas que atraviesan sin contemplaciones la tela de mis pantalones, ya que lo invaden frecuentemente por su poco tránsito actual, desemboco en una amplia explanada cruzada por un arroyo y con un “pilarico”. Recuerdo este lugar de hace unos años cuando lo visité, aunque accedí a él por otro camino. El pilar está adornado por una leyenda recordando al benefactor que lo hizo posible: volvemos a encontrarnos con el “santón Manuel”. Junto a él otro ruinoso cortijo “Despeñadero”, junto a una gran era del que ya no recuerdo qué número hace de los avistados en el día de hoy.

Tras beber y contemplar el entorno observo que arranca un sendero balizado que asciende rodeando una peña para dirigirse a Prado Negro. Tras pasar junto a un par de antiguos apriscos al resguardo de unas oquedades en las rocas, comienza la bajada para cruzar el arroyo Prado Negro y subir hasta las casas. En la plaza, junto al bar veo un cartel que habla de un recorrido doble: uno de los tramos es el que he hecho ya para llegar, el otro tramo lleva a una cascada que no conozco. Decido volver sobre mis pasos y acercarme para disfrutar de la caída del río Fardes, según el cartel “Salto del Despeñadero” de unos 15 metros de altura que se abre paso a través de roca travertino. Recorro un poco la zona y retomo la idea original que era ascender hasta la carretera de acceso a Prado Negro, para seguirla hasta un poco antes del área recreativa de las Mimbres en que la abandono por otra pista de tierra.

En mis subidas a Prado Negro siempre me había llamado la atención este ramal pero, hasta ahora no la había recorrido. Hoy me viene de maravilla ya que va a servir de enlace con El Molinillo. Arranca justo tras pasar el río Fardes y casi en su compañía va a discurrir hasta llegar al Cortijo La Ermita, esta fue la construcción principal de toda la finca y del que tomó el nombre. A fecha de hoy en estado ruinoso como todos los anteriores a pesar de la importancia que hubo de tener en su día ya que contaba con capilla, mármoles en los suelos, bascula para camiones a la entrada, etc. Justo detrás la Junta de Andalucía, actual propietaria de estos terrenos, ha montado una serie de tanques para la cría y conservación de Especies de Aguas Continentales (principalmente cangrejos).

Ya sólo me queda seguir el carril que lleva el río siempre a la derecha, dejando algunas zonas de frutales también abandonadas, una gran charca para riego, hoy seca y algunas alamedas muy viejas a las que el tiempo se ha encargado de castigar severamente. Un poco antes de terminar la jornada me he descolgado del carril hacia el rio para leer un letrero en que se explica el por qué de unas cortas acequias “artificiales” junto al lecho del río. Habla de un programa para la conservación de las libélulas y de los caballitos del diablo, habituados tradicionalmente a los sistemas húmedos que se desarrollaban cuando estos terrenos se cultivaban, hoy abandonados los cultivos se trata de paliar esas carencias de forma artificial.

Poco más adelante llego de nuevo a la gran portada de acceso donde dejé aparcado el vehículo a primera hora, para iniciar el retorno a Granada. Durante toda la jornada he visto numerosas cabezas de ganado, ovejas y cabras sobre todo y me ha llamado poderosamente la atención el carácter arisco con que me han recibido, mucho mayor que el mostrado habitualmente por las salvajes ya que cuando me veían echaban literalmente a correr (y hoy no he sudado tanto), no dejándome que me acercara a menos de cien metros, pero en todo el día he visto ninguna cabra montés y ya es raro que por estos recorridos no vea más de una.

Ya de regreso, por el trazado viejo de la carretera, justo al cruzar un puente poco antes de la última subida para reincorporarme a la autovía, me he encontrado dos grupos de cabras hembras pastoreadas por un gran macho que se han mantenido a escasos metros de mí, incluso cuando me he bajado del coche me han permitido acercarme bastante y cuando se han puesto en marcha lo han hecho de forma pausada y sin sobresaltos lo que me ha permitido sacarles algunas fotos. Al gran macho solo le preocupaba que su “harén” no se dispersara por lo que sólo tenía ojos para sus hembras, aunque le ha echado una miradita a la cámara.

Haciendo un balance del recorrido de hoy me reafirmo en que siguen sin gustarme los carriles terreros a la vez que me planteaba durante mi recorrido de hoy si no sería rentable ayudar a los antiguos residentes de los cortijos para que al menos durante la jornada siguieran ocupándose de sus terrenos y ganados. Creo que una sierra no habitada pierde bastante más, a pesar de todos los inconvenientes, que una en la que se sigan desarrollando las actividades ganaderas y la agricultura aunque sea de forma no productiva, siempre que esas gentes sean partícipes de los beneficios de habitar dentro de un terreno declarado Parque o bajo cualquier otro tipo de figura protectora.




Recordatorio: En nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.

jueves, 1 de diciembre de 2011

La "Sexi" Almuñecar (Granada)

Entrada al acuario en el sótano primero.

Anémonas en uno de los primeros acuarios del recinto.

Acuario con pequeños peces de gran colorido.

Los peces payaso.


Apacible morena  que no se movió durante toda la observación.

Unos de los ejemplares de tiburón que posee el acuario.

Parque El Majuelo.

Múltiples estatuas comparten espacio con las plantas en el parque.

Restos de la fábrica de salazón.

Vistoso palacete donde se ubica la Oficina de Turismo.

Una de las playas de Almuñecar.

Desde el Peñón del Santo, vista de parte de la ciudad.

Otra de las playas con que cuenta la ciudad por debajo del Castillo.

Reflejos.

Puente en la autovía inconclusa.

Los cultivos de frutas tropicales escalan las laderas de las colinas a ambos lados del rio.

Otívar.

Sierra de Almijara.


La “Sexi” ALMUÑECAR

Fecha: 26-12-2010



Teníamos hace días dos entradas para el acuario de Almuñecar y este sábado decidimos que era el día idóneo para bajar a la costa y hacerle una visita a esta ciudad de la ribera granadina. De antiguo conocimiento por los distintos pueblos que se aventuraban por las costas mediterráneas, siempre ha sido una localidad ambicionada como residencia por variadas culturas. Ya cuando los fenicios se asentaron en ella encontraron habitantes anteriores. Desde el 1.500 a.C no ha dejado indiferente a nadie, así primero disfrutada por la cultura argárica, para posteriormente dar cobijo a fenicios, romanos y árabes, que durante su ocupación la convirtieron en la más importante ciudad costera de Granada hasta que a finales de l.489 se rindió a las tropas cristianas.

Ciudad que habitualmente doy de lado durante la época estival dada la gran afluencia de visitantes de diferentes países que la ocupan, se convierte en muy atractiva durante el invierno. El clima sumamente agradable durante todo el invierno si además la visita coincide con un día soleado la hacen muy atrayente. Hicimos el viaje de ida por la autovía de Motril para hacer los últimos kilómetros por la transitada carretera de la costa. Ya como granadinos dudamos de que algún día lleguemos a usar la autovía que recorre todo el litoral del mediterráneo por nuestra provincia o quizás cuando llegue ese momento se nos hayan acabado las ganas de viajar por el paso de los años.

Cuando no hay excesivo tráfico y la atención exclusiva a la conducción no es obligada, éste tramo de carretera que discurre bordeando la costa, un poco por encima de la playa, ofrece panorámicas atractivas. Dado que la sierra muere en la misma playa en la mayoría del recorrido, el serpentear de la carretera por las diferentes lomas anima a parar para poder apreciar rincones visualmente muy bellos siempre aderezados con el amplio horizonte del mar.

El acuario, aunque puede parecer algo pequeño, si se han visitado otros de grandes ciudades, no deja de tener un gran atractivo. En la visita que hicimos el pasado sábado, a una hora temprana, tuvimos la suerte de disfrutarlo prácticamente en soledad. Sólo coincidimos con un padre y su hija pequeña que nos precedieron casi durante todo el recorrido, por lo que apenas compartimos espacio con ellos en alguna sala. Ello nos permitió demorarnos en aquellos acuarios que nos parecieron más atractivos sin tener que esperar el desalojo de otros visitantes. Está ubicado en el subsuelo de una plaza del pueblo.

Arriba están situadas las taquillas junto con la tienda de recuerdos como punto de partida donde comienza la bajada para acceder al recinto. Tras una puerta, ya en el sótano, comienza una galería que recorre en espiral los distintos niveles para terminar con un llamativo pasaje por debajo y dentro del acuario mayor de la exposición. La habitual galería acristalada que atraviesa el tanque mayor del recinto donde disfrutamos de la visión de peces por todos lados. Aquí se encuentran los siempre intrigantes tiburones.

Como curiosidad comentar que la mayoría de las especies representadas son mediterráneas lo que lo hace cercano. Es el acuario mayor de Andalucía y en su interior están dispuestas los diferentes ejemplares en veinte acuarios con una capacidad total de 1,5 millones de litros de agua marina. Destaca el Oceanario con más de 100 especies distintas y se acerca a los 2000 ejemplares,  donde se acumulan las dos terceras partes del agua total, atravesado por el túnel de cristal mencionado de 17 metros de longitud.

Una vez visitado el acuario nos dedicamos a pasear por la ciudad para llegar hasta el Parque del Majuelo. Jardín botánico con multitud de especies, la mayoría tropicales donde ocupan especial lugar todo tipo de palmeras, jalonado con numerosas estatuas. Este parque engloba las ruinas de la Fábrica de Salazones que crearon los fenicios y engrandecieron los romanos. En nuestro deambular por la ciudad encontramos la Oficina de Turismo, a la que nos acercamos no para pedir información, sino porque nos llamó la atención el palacete en el que está ubicado, invitaba a su visita el jardín de la entrada con unos bancos bajo las esbeltas palmeras o el inmenso ficus que ocupa toda una esquina del mismo. A la salida siempre en sentido descendente acabamos en una amplia avenida a orillas del mar por el que paseamos en dirección al Peñón del Santo al que ascendemos para disfrutar de unas amplias vistas de las diferentes playas con que cuenta la ciudad.

Aunque las playas granadinas no son de arena de gran calidad, ya que están formadas por piedras de diferentes tamaños, no por ello dejan de ser muy visitadas por propios y foráneos. Aquí no encontraremos la fina arena de las playas onubenses, ni siquiera la de las malagueñas, pero el clima subtropical del que goza compensa esas carencias.

Después de amplios paseos en mangas de camisa por el paseo marítimo, llegó la hora de comer. Así que localizado un local a pié de playa nos dispusimos a saciar el apetito con vistas al mar. Una vez terminado el trámite culinario y tras un nuevo recorrido por la ciudad buscando el coche, decidimos hacer el camino de regreso atravesando el valle del rio Verde cubierto de exuberante vegetación.

La bonanza del clima ha permitido que todo el valle y las laderas colindantes hasta bien alto estén tapizadas de árboles frutales, el gran tesoro de la zona: aguacates, chirimoyos, nísperos, plátanos, mangos, etc. La carretera es estrecha y llanea recorriendo todo el valle del rió hasta llegar poco antes de Jete en que comienza a ascender. Todo el trayecto está jalonado con naves dedicadas a la venta de los productos y la mayoría de los pobladores de estas localidades viven de la exuberante riqueza agrícola.

Tras Jete, la carretera siempre custodiada por las plantaciones llega a Otívar, dedicado al igual que el anterior a la agricultura de los productos tropicales. Más arriba y para el que hay que desviarse si se quiere visitar está Lentegí, el más alto de los tres y colgado casi arriba del todo en la ladera. La visita a éste último ha quedado aplazada para otro día y hemos seguido el trazado de la carretera de “La Cabra” (A-4050) que recorriendo con incesante curveo las lomas de la Sierra de Almijara para ganando altura encaminarse hacia Granada.

Durante el recorrido mientras ascendíamos disfrutamos de inmejorables vistas de los diferentes picos de la sierra calcárea que aunque en apariencia seca y árida, tiene la virtud de acumular el agua procedente de la lluvia como una esponja para dejarla escapar lentamente en cotas más bajas y alimentar los diferentes manantiales que darán origen a los ríos Verde y Seco.

Un poco más adelante pasamos por la entrada a la zona de campamentos “Huerto Alegre” disfrutados tradicionalmente por los críos granadinos. Establecimiento regentado por el ayuntamiento de la capital, algo abandonado en su acceso, ya que las farolas que iluminaban el carril de entrada están en lamentable estado e incluso los dos centenares de metros que tiene la carretera de entrada está muy descuidada con numerosos baches. De puertas adentro del perímetro vallado el aspecto cambia radicalmente, como si de otra cosa se tratara, se mantiene la limpieza y los edificios en perfecto estado e incluso en mi visita pude apreciar que están recién pintadas sus fachadas.

Transcurridos una decena de kilómetros por entre las lomas con escasa visibilidad de grandes panorámicas, comenzamos la bajada ya con la Sierra Nevada permanentemente visible, para llegados al Suspiro del Moro, entrar en los dominios de la ciudad de Granada.





Nota: Perdonad la mala calidad de las fotos de interior ya que no se podía utilizar flash, yo no llevaba el trípode  y las vidrieras de los acuarios distorsionan las imágenes.