miércoles, 14 de diciembre de 2011

Molinillo (Sierra de Huetor - Granada)

Puerta de entrada para el recorrido de hoy.

Ahora sol, más tarde lluvia.

Arco iris al poco de comenzar la jornada.

Cortijo "la Casilla"

"El Cortijillo"

Cortijo "Almuejar"

Cuando las nubes decidieron bajar, yo me mojé.

Gran parte del recorrido lo hago por la cota 1.500 y por este terreno.

Explanada donde se asientan el cortijo "Despeñadero" y el pilar.

Pilar con la leyenda que recuerda a Manuel.

Por encima del pilar se usaron las oquedades en la pared rocosa para habilitar apriscos.

Atravesando el arroyo Prado Negro.

Escondida cascada por la que se desploma el río Fardes.

Desde un mirador aprecio el recorrido del río por los dominios del cortijo La Ermita.

Choperas abandonadas.

Cortijo "La Ermita", propiedad actualmente de la Junta de Andalucía.

Puerta de entrada que nos puede dar una idea de lo que fue en su día.

En una construcción anexa me encuentro estas originales escaleras.

Restos de paratas dedicadas en su día al cultivo de frutales hoy en total abandono.

Junto al curso del río, viejos árboles desgarrados.

Ya de vuelta me las encuentro. Calzan pezuñas con excelente agarre.

Cuidando el harén.


Fecha: 14-12-2011
M.I.D.E.:2,2,2,3.
Duración: 7 horas (39.000p).
Desnivel en subida: 400 metros.
Rangos de temperatura: de 2’5ºC a los 10’5ºC.



He recorrido reiteradamente la parte oeste del Parque Natural de la Sierra de Huétor (a la izquierda de la autovía, dirección Murcia), tanto por senderos cuando los hay, como por pistas de tierra cuando no hay otro remedio. Los que me seguís habitualmente ya sabéis que siempre que puedo escoger, elijo sendero. Pero hay una zona del Parque, su extremo norte, que la he ido dejando porque la única forma de transitarlo, que yo sepa, es por pista forestal, lo que ha motivado que le haya ido dando largas hasta ahora. La mitad este del parque (a la derecha de la autovía) no me ha atraído suficientemente y una de las razones es que no conozco ningún sendero que la transite, creo que solo la atraviesan carriles.

Hoy para el que las previsiones metereológicas no eran muy claras he decidido quedarme por la Sierra de Huétor y hacer ese recorrido aplazado tantas veces. Una buena entrada para ello es El Molinillo y tratar de hacer un recorrido lo más circular posible, subiendo hasta Sillar Alta por un lado para volver por el otro. Trataré de completar la jornada desplazándome hasta Prado Negro para ver una bonita cascada, pasando por la fuente de Manuel (el curandero fallecido hace unos años).

Para acercarme hasta El Molinillo, tomo la autovía dirección Murcia para abandonarla en una de estas dos salidas: la 264 o la 269, cualquiera de ellas me vale. Por la primera tengo que avanzar unos kilómetros; por la segunda retrocedo, en ambos casos utilizo siempre el trazado antiguo de la nacional. El Molinillo era una afamada venta donde muchas veces los granadinos nos hemos tomado una cerveza con buenas tapas. También ha sido conocida por haber tenido en sus inmediaciones su residencia un curandero-santón que habitaba una humilde cabaña por encima de ella y era muy solicitado gozando de buen predicamento, llegando a colapsar la carretera los diversos regalos que iba acumulando.

Tras la construcción de la autovía y el desvío consiguiente del tráfico la Venta bajó mucho en sus visitas y posteriormente la muerte del curandero le acabó dando la puntilla. Hoy es un edificio totalmente abandonado y con peligro de derrumbe. Estaba ubicada en la orilla a la derecha del rio Fardes y en la izquierda hay una aparatosa puerta con aires de grandeza, dando comienzo a un carril que daba servicio a una serie de cortijos sierra adentro. Alguno de ellos de gran extensión con variadas y lujosas construcciones. Todo este terreno conformaba la Finca “La Ermita de San Antonio”.

En mi recorrido de hoy voy a pasar junto a varios cortijos, todos ellos en estado ruinoso excepto uno que permanece habitado. Tras la grandiosa entrada, cerrada a vehículos de motor me adentro en la finca por un carril terrero muy bien conservado. El día está nublado y disfruto de un completo arco iris no excesivamente bien definido, más tarde disfrutaré de otros fenómenos metereológicos no tan idílicos. Tras un par de kilómetros aparece la primera bifurcación: un ramal se encamina en llano hacia lo que fueron las construcciones principales de la propiedad y el otro (hacia la derecha), comienza a ascender. Tomo el segundo que según plano va a ir ascendiendo por la loma con destino a Sillar Alta.

Rápidamente coronando un verde otero me encuentro el primer cortijo de la jornada (Cortijo de la Casilla) con grandes desperfectos y visiblemente dejado a su ventura hasta que aguante, rodeado de verdes prados es utilizado para cobijo de los animales. A la izquierda y a un centenar de metros veo las ruinas, solo algunos trozos de muros, de otro (Cortijo de Romera). Un poco más arriba me encuentro la segunda bifurcación a las puertas de “El Cortijillo”, también utilizado para guardar ganado y con los techumbres con grandes claros. Según los indicadores, tanto un ramal como el otro van al mismo destino: Sillar Alta. Decido tomar el de la derecha y regresar por la izquierda a sabiendas que va a ser una larga caminata y toda ella por carril.

A partir de aquí seguir la interminable pista que va rodeando las lomas, transitando por un bosque abierto de encinas casi con exclusividad y el típico sotobosque mediterráneo. La orografía es la típica de esta sierra con picos por doquier junto a otros cerros más redondeados pero aflorando la piedra en todos ellos y con abundancia de oquedades y cuevas por ser un terreno calcáreo. Durante el recorrido, las nubes cada vez más bajas, acaban por comenzar a desprenderse del agua de forma muy suave pero tenaz. La fina lluvia a la que no doy importancia en principio, dada la persistencia con que cae acaba por imponerme la parada para sacar la capa impermeable de la mochila. Ya se sabe que cuando te proteges deja de llover, pero la tierra del carril se ha empapado y como contiene bastante arcilla se ha creado una capa de barro que la hace sumamente pegajosa, molestísimo para caminar y encima añade peso por la gruesa capa que se va acumulando en las suelas de las botas.

El trazado de la carretera diseñada para enlazar los múltiples cortijos que sembraban esta sierra y con nombres alusivos a alguna característica del terreno o de la vegetación cercana a su ubicación: Mata, Mina, Mojino, Solana, Cañada Espinosa…, la hace dar vueltas y revueltas a través de los cerros, lo que acaba siendo tedioso. Me estoy moviendo por una cota cercana a los 1.500 m. y con los altibajos normales a cualquier recorrido por sierra se va a mantener la altura casi hasta el final en que decididamente emprenderé la bajada para acercarme a otro cortijo: Almuejar, quizás el más grande de los visitados hasta ahora, también en estado ruinoso con una gran patio o aprisco interior.

Abandonado el último cortijo, en una cerrada y cercana curva a izquierdas y cansado de caminar por la pista, descubro un arranque de sinuoso sendero que no dudo ni un momento en coger. Aunque no conozco el terreno, me basta comprobar que la dirección aparente del mismo me conviene, para lanzarme por él con la esperanza de que no tenga que retroceder más adelante. La vegetación es tan tupida entre las encinas y el matorral más bajo que apenas veo diez o quince de metros por delante el discurrir de la vereda. La dirección se mantiene y la constatación de que en su día tuvo que ser un recorrido muy transitado por lo bien marcado que aun permanece, son datos suficientes para seguir depositando mi confianza en él.

Tras un rato de apacible y suave bajada con la atención puesta en no pincharme demasiado por los rosales y duras aulagas que atraviesan sin contemplaciones la tela de mis pantalones, ya que lo invaden frecuentemente por su poco tránsito actual, desemboco en una amplia explanada cruzada por un arroyo y con un “pilarico”. Recuerdo este lugar de hace unos años cuando lo visité, aunque accedí a él por otro camino. El pilar está adornado por una leyenda recordando al benefactor que lo hizo posible: volvemos a encontrarnos con el “santón Manuel”. Junto a él otro ruinoso cortijo “Despeñadero”, junto a una gran era del que ya no recuerdo qué número hace de los avistados en el día de hoy.

Tras beber y contemplar el entorno observo que arranca un sendero balizado que asciende rodeando una peña para dirigirse a Prado Negro. Tras pasar junto a un par de antiguos apriscos al resguardo de unas oquedades en las rocas, comienza la bajada para cruzar el arroyo Prado Negro y subir hasta las casas. En la plaza, junto al bar veo un cartel que habla de un recorrido doble: uno de los tramos es el que he hecho ya para llegar, el otro tramo lleva a una cascada que no conozco. Decido volver sobre mis pasos y acercarme para disfrutar de la caída del río Fardes, según el cartel “Salto del Despeñadero” de unos 15 metros de altura que se abre paso a través de roca travertino. Recorro un poco la zona y retomo la idea original que era ascender hasta la carretera de acceso a Prado Negro, para seguirla hasta un poco antes del área recreativa de las Mimbres en que la abandono por otra pista de tierra.

En mis subidas a Prado Negro siempre me había llamado la atención este ramal pero, hasta ahora no la había recorrido. Hoy me viene de maravilla ya que va a servir de enlace con El Molinillo. Arranca justo tras pasar el río Fardes y casi en su compañía va a discurrir hasta llegar al Cortijo La Ermita, esta fue la construcción principal de toda la finca y del que tomó el nombre. A fecha de hoy en estado ruinoso como todos los anteriores a pesar de la importancia que hubo de tener en su día ya que contaba con capilla, mármoles en los suelos, bascula para camiones a la entrada, etc. Justo detrás la Junta de Andalucía, actual propietaria de estos terrenos, ha montado una serie de tanques para la cría y conservación de Especies de Aguas Continentales (principalmente cangrejos).

Ya sólo me queda seguir el carril que lleva el río siempre a la derecha, dejando algunas zonas de frutales también abandonadas, una gran charca para riego, hoy seca y algunas alamedas muy viejas a las que el tiempo se ha encargado de castigar severamente. Un poco antes de terminar la jornada me he descolgado del carril hacia el rio para leer un letrero en que se explica el por qué de unas cortas acequias “artificiales” junto al lecho del río. Habla de un programa para la conservación de las libélulas y de los caballitos del diablo, habituados tradicionalmente a los sistemas húmedos que se desarrollaban cuando estos terrenos se cultivaban, hoy abandonados los cultivos se trata de paliar esas carencias de forma artificial.

Poco más adelante llego de nuevo a la gran portada de acceso donde dejé aparcado el vehículo a primera hora, para iniciar el retorno a Granada. Durante toda la jornada he visto numerosas cabezas de ganado, ovejas y cabras sobre todo y me ha llamado poderosamente la atención el carácter arisco con que me han recibido, mucho mayor que el mostrado habitualmente por las salvajes ya que cuando me veían echaban literalmente a correr (y hoy no he sudado tanto), no dejándome que me acercara a menos de cien metros, pero en todo el día he visto ninguna cabra montés y ya es raro que por estos recorridos no vea más de una.

Ya de regreso, por el trazado viejo de la carretera, justo al cruzar un puente poco antes de la última subida para reincorporarme a la autovía, me he encontrado dos grupos de cabras hembras pastoreadas por un gran macho que se han mantenido a escasos metros de mí, incluso cuando me he bajado del coche me han permitido acercarme bastante y cuando se han puesto en marcha lo han hecho de forma pausada y sin sobresaltos lo que me ha permitido sacarles algunas fotos. Al gran macho solo le preocupaba que su “harén” no se dispersara por lo que sólo tenía ojos para sus hembras, aunque le ha echado una miradita a la cámara.

Haciendo un balance del recorrido de hoy me reafirmo en que siguen sin gustarme los carriles terreros a la vez que me planteaba durante mi recorrido de hoy si no sería rentable ayudar a los antiguos residentes de los cortijos para que al menos durante la jornada siguieran ocupándose de sus terrenos y ganados. Creo que una sierra no habitada pierde bastante más, a pesar de todos los inconvenientes, que una en la que se sigan desarrollando las actividades ganaderas y la agricultura aunque sea de forma no productiva, siempre que esas gentes sean partícipes de los beneficios de habitar dentro de un terreno declarado Parque o bajo cualquier otro tipo de figura protectora.




Recordatorio: En nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.