miércoles, 2 de agosto de 2017

Sierra Sur II: Arroyo de la Hoya del Caño (Jaén)






Hoy, con la compañía de Carlos (que aporta además de la compañía la cultura biológica al recorrido), nos vamos a trasladar hasta la provincia de Jaén para adentrarnos en el corazón de la Sierra Sur. Vamos con el propósito de recorrer cualquier sendero que nos llame la atención. No tardamos en encontrar uno que nos ilusiona por la cubierta vegetal de la que presume, además de la combinación de colores que mezcla durante todo su recorrido, juntando los grises de las rocas calcáreas, los marrones, las distintas gamas de verdes vegetales y la paleta completa en la floración de las plantas mas pequeñas.

Además confiamos en encontrar alguno de las abundantes fósiles que deben poblar este recorrido por sus antecedentes marinos; avistaremos grabados en piedra de nuestros remotos antepasados y visitaremos un antiguo poblado hoy en ruinas y el embalse de Quiebrajano. Todo en la misma jornada.

Nos decantamos por ascender por la garganta que ha formado en el transcurso de milenios el arroyo de La Hoya del Caño. Para ello tenemos que recorrer una estrecha carretera asfaltada que atraviesa la localidad de Puente de la Sierra (JA-3210) y que vertebra la sierra, siguiendo el trazado del río Quiebrajano.


Desde casa: todavía es noche.

Inicio del recorrido barranco arriba. Vamos a seguir el recorrido que hace el arroyo de La Hoya del Caño.

Los pliegues en las rocas asoman hasta en las cumbres.



Sabinas con su fruto. Especialistas en terrenos difíciles para otras especies pueden remontar en las laderas hasta los 1.800 metros, preparadas para soportar inviernos duros y veranos secos y calurosos.


Una vez dejado el desvío que sube hasta el Castillo de Otiñar, la garganta se estrecha. El paso a tramos se hace entre cortados rocosos que dejan a la vista los diferentes estratos.

La vegetación es abundante cubriendo todo el suelo.



Son varios los estrechamientos en que sendero y cauce de arroyo comparten terreno.


En el único tramo con agua del recorrido nos encontramos con un par de sapas que apenas se inmutan cuando las cogemos para mirarlas. Conviene mojarse las manos antes de izarlas. No nos atrevimos a cumplir el protocolo por dudar si eran doncellas o doncel. 

Toda la vegetación está en un momento idóneo por su exuberancia y colorido.

Mi hijo y acompañante de hoy.

Las peonías se suelen encontrar en grupos y ahora es el momento de su floración. Las flores, frutos y semillas son tóxicas por lo que se las conoce también como rosas malditas aunque tuvieron aplicaciones médicas: antiespasmódico y sedante y como tratamiento de la epilepsia.

Peonía. Poenón, médico de los dioses del Olimpo, curó a Plutón y otros dioses de las heridas de la guerra de Troya, en agradecimiento Plutón lo convirtió en esta preciosa flor.





Las jaras blancas están también en plena floración, lo que procura alimento a multitud de insectos.




Cuando ascendemos durante nuestro recorrido aparecen los asfódelos.

Además de los sempiternos pinos en las laderas




A pesar de lo rocoso del terreno la vegetación ha conseguido ocupar todas las laderas.



Los Campos Asfódelos son una de las tres zonas del Hades; zona del inframundo donde los muertos han de pasar la eternidad. Antes de entrar a los Campos los muertos beben del agua del río Lete, perdiendo identidad y conciencia limitándose a realizar eternamente monótonas tareas diarias. 


Esta paloma no ha tenido suerte, por golpe o por disparo tiene el ala izquierda inutilizada, algún depredador se dará un festín con ella.

Nos movemos mayoritariamente por el fondo del barranco por lo que las pequeñas piedras de los derrumbes y la erosión suele ser el lecho que pisamos.

Las paredes rocosas, a veces verticales, presentan estas formas.

Casi todo está en flor: majuelo.

En este rincón nos encontramos un acebuche junto a un almendro, los dos con muy buena apariencia.

Aparecen varias especies de sauces, fresnos, ocupando las orillas los juncales y zarzales, junto con los rosales y arbustos dispersos de boj.

Durante el recorrido junto al cauce del arroyo los cuarteado estratos de roca aportan junto con la vegetación la belleza del paisaje.

Los desfiladeros son recurrentes en los tramos bajos del barranco, en ocasiones delimitados por paredes verticales de significativa entidad.

Encontramos algunos fósiles, evidencias de un pasado submarino de estos terrenos.

Torreón del Castillo de Otiñar

Losas trabajadas por el hombre primitivo: señalización de límites?



Grabados en la roca nos encontramos diferentes formas. Estas y las siguientes están en la base de una "marmita de gigante" al principio de la garganta. 



La "marmita", donde encontramos los petroglifos, de origen fluvio-glaciar más o menos circulares.


Poblado de Santa Cristina. Se fundó en el año 1.826, ahora sólo quedan ruinas. 

Llegó a contar con unas 50 viviendas que se organizaron en tres calles y una plaza.

Tuvo casa consistorial, escuela y templo.


Antes de nuestra Guerra Civil llegó a albergar hasta 300 habitantes dedicados mayoritariamente a la agricultura complementada con la ganadería. 

Tras la guerra se despuebla, abandonándose por completo a lo largo de la década de los 70.


Presa del pantano de Quiebrajano.


Sucesión de túneles a la entrada del pantano. El acceso se cierra todas las noches de 20 a 8 horas mediante puerta metálica. 

La parte central deja ver la roca en la que está excavado. La iluminación artificial provoca unos coloridos insospechables.



El pantano, escaso de agua, sirve para abastecer a Jaén ciudad.

La presa cierra el barranco entre dos promontorios rocosos en una de las cerradas del río Quiebrajano.


Área recreativa de las Azadillas. Un centenar de metros más adelante está el Aula de la Naturaleza.

Garganta de la Hoya del Caño, (Jaén), 19 de abril de 2017.