miércoles, 1 de junio de 2016

Dehesa del Generalife (Granada)

CONTIGO
En estas soledades,
aprende los secretos
del agua y de los árboles.

Cuando mires al fondo,
descubre tu mirada,
el color de tus ojos.

Si la fuente te ha dicho
lo que nunca escuchaste
en medio de los gritos,

a la ciudad regresa
con todas tus palabras.
Que los demás te esperan.

LUIS GARCÍA MONTERO






Despues de unos días con el cielo nublado e incluso algunos chaparrones, este sábado ha amanecido radiante, circunstancia que nos anima a salir a pasear por los alrededores, sin alejarnos mucho de la ciudad. Escogemos el paraje denominado Dehesa del Generalife ya que en estos primeros días de la primavera debe estar sumamente atractivo.  

Tras dejar el coche en uno de los aparcamientos que hay por encima de la Alhambra tomamos un carril por el que no se permiten vehículos a motor que nos acerca hasta "La Silla del Moro". Construcción que dejaremos a nuestra izquierda en nuestro caminar. A la vuelta, si permanece abierta, entraremos para tomar unas fotos y sentarnos en plan contemplativo en uno de sus bancos. 

Mientras ascendemos dejamos algo por debajo y a nuestra izquierda todos los edificios de talleres y administrativos del Patronato de la Alhambra primero y los Albercones algo más arriba. Este acceso está escoltado a tramos por esbeltos cipreses a un lado y de pinos de repoblación al otro. 

Cuando la vegetación se abre o nosotros alcanzamos altura suficiente comenzamos a divisar todas las techumbres de los edificios palaciegos, murallas y torreones de la Alhambra. Al fondo la ciudad de Granada dando paso a la extensa vega.

Nada mas dejar la edificación defensiva atrás, nos desviamos por un carril, en principio descendente, que da acceso a un par de casetas donde se regula el caudal de la Acequia Real. Aquí se decide qué hacer con el agua, o bien darle continuidad haciéndola entrar en el Generalife o desviarla -barranco abajo-, cuando no se necesita, para devolverla al río Darro. Enseguida nos atrapa la atención un conjunto de edificaciones de tamaño considerable: Abadía del Sacromonte que tendremos a la vista prácticamente durante todo nuestro caminar por el sendero.

Me acompaña mi mujer

Vamos a caminar un sendero que transita a media altura (entre el río y la cresta), toda  la loma del Cerro del Sol (vertiente norte) mientras recorremos buena parte del  valle de Valparaiso donde se asienta el propio Generalife.  Seguimos el trazado de la Acequia Real con la que los constructores dieron vida a todo el entramado de jardines, fuentes y palacios que aportando sonido, color y frescor dan sentido al conjunto de la Alhambra.       

Abajo, junto al río, edificaciones antiguas y otras más modernas a ambos lados de la carretera que da servicio a todo el valle (antiguo camino de Beas). Aquí una pequeña capilla donde nace el acceso peatonal que asciende hasta la Abadía.

A lo largo del barranco y siempre muy cerca del cauce se han ido agrupando construcciones, casi todas en el margen derecho del río, dejando las parcelas más horizontales para el cultivo. 

Los almendros que jalonan el sendero ya se han desprendido de las flores y están cubriéndose de hojas con ese característico verde de las hojas tiernas. El transitar por la cara norte de la ladera permite que la vegetación sea mucho más compacta y diversa que en la de enfrente (sur) donde el sol reseca el terreno y no permite prosperar nada más que a los sufridos pinos junto a escaso matorral.

El trazado de la acequia hace prácticamente todo el recorrido por mina escavada en la ladera. Sólo al principio en su nacimiento y en ésta travesía de un pequeño barranco queda al descubierto. A lo largo del recorrido veremos diferentes bocaminas que dan acceso a la acequia y que, unas cerradas y otras descubiertas sirven para el adecuado mantenimiento de la misma.

Este pequeño espacio de apenas treinta metros en que podemos ver la acequia aflorar a la superficie  obliga al sendero a superarla. Aunque actualmente la Alhambra no depende de este aporte para su subsistencia, se ha querido por parte del Patronato mantener este infraestructura por su valores arquitectónico e histórico.

Las diferentes parcelas junto al río en distintos estados de producción, incluso algunas de ellas dejadas en barbecho se están utilizando para pasto de caballos que se mueven en semilibertad por ellas.

Tramo intermedio del valle de Valparaiso. Las construcciones van escaseando conforme ascendemos acercándonos a la Hacienda de Jesús del Valle.

En la laderas orientadas al sur, mucho más áridas, prosperan las chumberas  y aparecen numerosas cuevas, la mayoría en desuso, porque con el tiempo se han ido permutando por casas que vemos en los alrededores.


Esa misma ladera sur que tenemos enfrentada es utilizada por los motoristas para sus ascensiones por veredas empinadas que remontan hasta la cima para perderse, ellos y sus ruidos, cuando coronan.

Entre dos lomas se asoma la parte alta del Fargue, divisándose  algunas construcciones de la fábrica de pólvora; los distintos pabellones, separados entre sí por seguridad, donde se elaboran los productos explosivos y la muralla que los "aisla" de la cercana y antigua carretera nacional que enlaza Granada con Murcia.

Alguna de las construcciones más antiguas se han ido abandonando a su suerte hasta presentar el aspecto que nos enseñan: semirruinoso, rodeada de parcelas incultas.

Las vertientes del valle orientadas hacia el sur, mucho menos protegidas del sol no permiten una vegetación tan diversa, espesa y continuada como las norte. La escasa humedad que recibe depende exclusivamente de las lluvias, si a ello sumamos la fuerte pendiente de las laderas y la mala calidad de los suelos, aunamos tres elementos que no ayudan a la regeneración del terreno. 

El sendero, está bien definido y con suficiente amplitud siempre que no te cruces con algún ciclista que lo considere como vía exclusiva. El centenar de metros que se eleva sobre la cota del río, a veces, cuando falta la vegetación y se aprecia en su integridad, puede causar cierta sensación de vértigo o al menos de inseguridad en el caminar para algunas personas.

Una de las múltiples minas que enlazan el sendero con el trazado de la acequia.

A media loma sur y aprovechando una pequeña explanada han encontrado asentamiento para casi un centenar de colmenas. 

A medio recorrido se ha aprovechado un ensanche en el sendero para ubicar un letrero informativo y un doble banco para el descanso de los viajeros.

Junto al río se aprecian diferentes obras hidráulicas. Esta pequeña represa ayuda a crear un pequeño embalse para dar nacimiento a una acequia. El río Darro a pesar de su corto recorrido y escasa cota a la que nace en el Parque Natural Sierra de Huétor Santillán, consigue mantener caudal durante todo el año incluidos los de escasa precipitación, quizás por ello fue el escogido para conducir sus aguas hasta la Alhambra.

Ya de regreso, mirando el valle de Valparaiso hacia el oeste apreciamos otras vistas, captando en la misma línea la Abadía del Sacromonte y la ermita de San Miguel Alto que corona la colina del Aceituno, el mirador más elevado del Albaicín.

Un jaramago pasa desapercibido pero toda una haza llama poderosamente la atención. Junto a ellos dos labradores poniendo a punto la tierra para una próxima cosecha.

Y cuando vamos acercándonos de nuevo al inicio, se abre el valle dejando ver y disfrutar del barrio del Albaicín, llenando el espacio que dejan entre sí los cerros del Aceituno (a la derecha) y Sol (a la izquierda),  ocupando todo el horizonte cercano.

Abajo junto a la ermita la entrada para los vehículos que quieren acceder hasta la Abadía del Sacromonte. Recorrido en zigzag, que cuando niños íbamos contando -hasta siete, las siete cuestas- hasta alcanzar las puertas de la Abadía.

Tras encontrarse los "libros plúmbeos" y otras reliquias, el lugar se convirtió en centro de peregrinación. Cuando las reliquias son declaradas "auténticas" se construye (a primeros del siglo XVII) la Iglesia dedicada a San Cecilio, convirtiéndose a su vez las cuevas en un espacio que concentrará las prácticas religiosas. El complejo lo forman: las Santas Cuevas, la Abadía (s.XVII-XVIII), el Colegio Viejo de San Dionisio Areopagita (s.XVII)  y el Colegio Nuevo (S.XIX).  

A medida que desandamos el camino y nos acercamos de nuevo al baluarte defensivo, abarcamos visualmente buena parte del Albaicín alto con cuatro de sus iglesias que de izquierda a derecha son: S. Nicolás (junto al famoso mirador), el Salvador (parroquia vigente del barrio), San Cristóbal (junto a otro excelente mirador) y San Bartolomé (semioculta por la muralla). 

De nuevo mi acompañante cruzando el tramo descubierto de la acequia.

Las laderas están salpicadas de viviendas-cueva ocupadas por personas de etnias y procedencias distintas. Hay hasta seis conjuntos de cuevas ocupadas por diversos colectivos a las que el ayuntamiento (según recientes noticias de la prensa local) está tratando de encontrar solución.

Antes de penetrar en el recinto de la Silla del Moro nos detenemos unos minutos para apreciar lo que vemos. Como granadinos y en mi caso habitante durante años en el barrio no me cuesta ubicar e ir nombrando los edificios mas emblemáticos del conjunto. A la vez que tomamos conciencia de un elemento fundamental de la panorámica que suele pasar desapercibido incluso para los residentes: el ciprés. Sin él el Albayzín perdería buena parte de su identidad.

En la cata que se hizo para construir la carretera se dejaron al descubierto elementos que todavía llaman la atención. Esta pudo ser una conducción que transportaba el agua desde unos albercones (Dar-Al-Arusa) que hay colina arriba (Cerro del Sol) que junto con alguna aljibe (Aljibe de la Lluvia) almacenaban el agua de la lluvia, rememorando tiempos de grandes obras de ingeniería que trataban de sacar el máximo provecho y adaptación al medio natural. 

En la zona superior del complejo del Generalife se encuentra el Mirador Romántico, coronando la Escalera del Agua. Construido en 1836 por el administrador de la finca Jaime Traverso sobre lo que según algunos autores era un oratorio musulmán. 

Iglesia de Santa María de la Alhambra edificada durante el s.XVII, ocupando el solar de la Mezquita Mayor. Durante la semana santa se procesiona la imágen de la Virgen de las Angustias sobre uno de los tronos más bonitos de Granada que reproduce en plata repujada las arquerías del Patio de los Leones de la Alhambra.

Cierra por el oeste el recinto alhambreño la torre de la Vela con su característica espadaña que alberga la campana, la que tradicional y esperanzadas mozas tocan cada dos de enero. 

El barrio del Albaicín escala una de las colinas que forman Granada extendiéndose monte arriba (cota 700 - 800 metros). Aunque el origen como asentamiento humano es anterior, no fue hasta primeros del siglo XI cuando el reino zirí lo amuralla y lo configura como barrio residencial; manteniendo hasta la actualidad la trama urbana de calles estrechas formando una red intrincada que ocupa la colina desde la calle Elvira hasta la cabecera de la calle San Luis. En 1994 fue declarado como Patrimonio de la Humanidad.

Ya desde la explanada de la Silla del Moro, prácticamente encima del Generalife, del que vemos parte de su pabellón norte tras los pinos, abarcamos desde una vista cenital buena parte del conjunto de la Alhambra. Edificios, murallas, jardines y torreones se nos presentan casi al completo. 

La colina del Aceituno coronada por la ermita de San Miguel y la muralla zirí que desciende ladera abajo delimitando lo que era el barrio hasta la actual carretera que se adentra en el valle de Valparaiso.

El parador nacional de San Francisco ocupa lo que fue en época árabe un palacio nazarí del que se conservan la Qubba y la Sala Nazarí. Tras la conquista se convirtió en convento por decisión de los Reyes Católicos; en el interior del hotel, actualmente además de estancias y jardines, se conserva el claustro como patio interior.

Terminada la caminata volvemos a descender por la carretera de acceso vedada a vehículos de motor hasta alcanzar las proximidades del aparcamiento superior de la Alhambra donde dejamos el coche esta mañana. En caso de subir andando se pueden diseñar otros itinerarios alternativos que permitan la circularidad.

Granada, 26 de marzo de 2016.