miércoles, 22 de abril de 2015

Joyas granadinas XI: Casa Horno del Oro




CASA HORNO DEL ORO.

G.B.Shaw afirmaba que "en el cielo un ángel no es nadie". Algo parecido se podría decir de ciertos monumentos que existen en Granada, que por su relativa abundancia, pasan desapercibidos y no se les dedica la atención que, en cualquier otra ciudad, seguro que tendrían y serían tratados como verdaderas "JOYAS".


La casa recibe el mismo nombre que la calle donde se ubica. Una de las estrechas y serpenteantes, con la Alhambra casi siempre a la vista, que bajan hacia el río Darro. Lástima de cables que no se ocultan.



Construida en el siglo XIV por alguna de las familias importantes de la época en lo que era barrio de los Axares o Del Deleite. Zona residencial  en uno de los arrabales del Albaicín. Granada, como último bastión islámico de la península acogió a numerosos refugiados que iban descendiendo geográficamente conforme la conquista avanzaba. Entrada original a la casa.
Tras la conquista, la reina Isabel cedió diversas construcciones a destacados colaboradores durante la campaña, y una de ellas fue esta que me ocupa hoy. Acceso actual a la misma.





Después de varias restauraciones, adquiere el aspecto actual tras la última realizada entre los años 2010 y 2012, estando declarada como Bien de Interés Cultural desde el año 1985. En la planta baja aparece la configuración -ya clásica- de las casas moriscas granadinas: un patio interior rectangular con estanque y fuente y estancias principales en los laterales cortos.

Vista general del patio interior que sirve a la vez como distribuidor a las distintas estancias de la residencia. El segundo nivel parece que corresponde al inicio del siglo XV cuando la falta de espacio se evidencia en el barrio del Albaicín. 

Los dos pisos de altura nos indican que fue una residencia de gente con alto poder adquisitivo. 

Los arcos soportados en estilizadas columnas dan paso a las estancias interiores, hoy ocupadas por paneles explicativos con la historia y monumentos del barrio donde se ubica: Albayzín.

Algunas de las columnas de madera talladas que aun podemos admirar siguen ejerciendo su función de soporte del piso superior.

En la segunda planta vemos la radical diferencia de los materiales. Una de las técnicas didácticas que se han utilizado en las reconstrucciones actualmente, al igual que en la Alhambra, es diferenciar radicalmente lo original de lo moderno a través de los materiales usados.

Las techumbres de nueva factura aunque respetando el uso de la madera.

Una de las galerías de la segunda planta.

Hornacina encastrada en uno de los muros de la segunda planta. Por orientación parece que estaba destinada a mantener alguna vasija con líquido fresco.

Detalle de la techumbre de una de las salas laterales usadas como lugar de exposiciones.

El trabajo de los artesanos de la madera, tallando las terminaciones de los soportes de las vigas principales. 

Escalera de comunicación entre los dos niveles de la casa.

Alberca que ocupa el centro del patio. Generalmente se abastece mediante una o dos fuentes ubicadas en uno o los dos lados cortos del espacio rectangular que la contiene.

Ademas de depósito para el valioso líquido y regulador térmico de la vivienda, aporta un evidente valor decorativo.

Sencilla fuente por la que se alimenta la alberca. En este caso una sencilla y pequeña construcción circular confeccionada con ladrillos. En otros muchos casos de escogieron materiales más nobles como el mármol.

Al patio se le ha dotado de un tradicional empedrado granadino, aunque muy posiblemente no fuera así en sus orígenes.

Interior de la puerta principal de acceso a la casa, hoy en desuso y como vemos bien cerrado con hasta cuatro candados; incluso admitiría alguno más.

Desde el interior de una de las salas de la planta baja intento abarcar casi toda la construcción, incluido el visitante.

Los cambios bruscos de luminosidad entre distintas dependencias es habitual en este tipo de construcciones, consiguiendo la sensación de frescor cuando se pasa a las zonas menos iluminadas. 

El agua, limpia e inmóvil, permite estos nítidos reflejos.


Granada, 28 de octubre de 2014.