jueves, 5 de julio de 2012

Trevélez - Mulhacén (Sierra Nevada - Granada)

A poco de comenzar me encuentro la primera fuente.

El recorrido está salpicado de cortijos, unos en mejor estado que otros.

A veces se comparte el sendero con todo tipo de "senderistas".

Típica construcción de la Alpujarra granadina.

Voy ascendiendo y ampliando horizontes.

Durante la subida atravieso dos acequias: Gorda y Mingo.

Desde la Campiñuela ya diviso las chorreras de la laguna Hondera.

Resto de ventisquero junto al río.

La laguna Hondera me da la bienvenida a Siete Lagunas.

Desde la loma del Mulhacén (Cuesta del Resuello) veo a un grupo que se dirige hacia la Alcazaba.

Mis dos compañeras "adosadas" de hoy casi tan cansadas como yo.

Durante mi recorrido por SieteLagunas.

Todavía quedaban algunos ventisqueros.

Imágenes de las distintas lagunas visitadas.

Esta , un poco más alta conserva hielo.

La abundancia relativa de nieve es engañosa ya que está muy blanda y no durará.

Las chorreras del desagüe de la última laguna.

El agua se despeña ladera abajo perdiendo altura precipitadamente.

A pié de cascada el ruido es atronador, pero merece la pena acercarse y ser salpicado.

Ya en Trevélez, típica fachada adornada de macetas.

Curiosa forma de hacer ventanas.

De regreso me paro un momento junto a esta construcción en rehabilitación: siempre me ha gustado.




Fecha: 30-5-2012                                                Plaza de Trevélez                              7’30h.
M.I.D.E.:2,3,4,4.                                                Campiñuela                                        9’30h
Duración: 8h45’  (26.300p)                                Siete Lagunas                                   10’50h                     
Desnivel en subida: 1.724 metros                     Loma Mulhacén (2.200m)                11’30
Temperatura: de 13’5ºC a los 24’5ºC               Bajada (7 Lagunas a Trevélez)          2’45h

                                   

En la primera semana de julio del año pasado hice un recorrido similar al de hoy, iniciando la andadura desde la población de Trevélez (1.476 m), subí hasta la Alcazaba (3.371 m). Recuerdo que cuando llegué a Siete Lagunas, tuve dudas de si subir a la Alcazaba o elegir el Mulhacén (3.482 m). Al final y por ser fiel a mis informaciones previas dejadas en casa opté por el primero dejando el segundo para otra ocasión.

La semana pasada tenía previsto hacer ese recorrido pero la petición de acompañamiento que me hizo una amiga al Trevenque, demoró una semana el itinerario que por fin afronto hoy. He tenido dudas hasta el último momento dado que las previsiones metereológicas no eran excesivamente alagüeñas ya que anunciaban posibles tormentas en las sierras, pero en el último momento rebajaron las predicciones, como mucho, a débiles chaparrones por lo que me he decidido a intentar subir.

Trevélez es un pueblo de la Alpujarra Granadina que presume de altura, ubicado en las faldas de Sierra Nevada, es inicio de algunos senderos que tienen en común entre ellos los fuertes desniveles que hay que afrontar si de subir a Sierra Nevada se trata, ya que las cimas están geográficamente muy cerca de la población y la diferencia de altura se salva en poco espacio. Es normal encontrarse con desniveles cercanos a los 2.000 m. a poco que nos adentremos en el macizo.

La distancia a salvar por carretera es de algo menos de 100 km. por lo que decido madrugar; primero porque hay tramos de carretera muy revirados y estrechos y, segundo por mi afán de comenzar a andar cuanto antes para evitar en lo posible, que las horas de calor me pillen todavía en la subida. A las siete y media ya estoy aparcando el coche en la plaza del Barrio Alto de Trevélez para una vez cargado con mochila, cámara y bastones iniciar el sendero señalizado que arranca junto al lavadero público que existe en la parte más alta del barrio.

Del recorrido de subida hasta Siete Lagunas no voy a hablar mucho ya que lo hice en la entrada del pasado 7-7-2011 (Trevélez – Siete Lagunas – Alcazaba). Lo que sí os comentaré es que al cruzar la Acequia Gorda se me “adosaron” dos perras ávidas de aventuras y con muchas ganas de rastrear media sierra y ya no me abandonaron hasta el regreso al pueblo. Esta compañía entretenida por un lado me impidió que avistara ningún animal ya que se encargaban ellas, al ir continuamente olisqueando el terreno en sus amplias batidas, de espantarlos o hacerlos esconder. Con deciros que la única cabra que vi fue a bastante distancia y asustada por una de las perras en las chorreras de la Laguna Hondera.

El recorrido entre las dos acequias que cruza el sendero en su ascensión (la Gorda primero y la del Mingo después, unos metros por debajo de la Campiñuela 2.400 m) está cubierto por raquíticos pinos que no sólo no han crecido desde mi anterior visita sino que la mayoría de ellos presentan un aspecto lamentable. Muchos de ellos secos  en su totalidad o en buena parte de su ramaje, imagino que por sumarse a las duras condiciones climáticas que soportan la constante acción de las orugas (procesionaria) cuyos nidos se enseñorean en sus ramas.

Una vez llegado a Siete Lagunas, me percato de que no estoy muy pletórico de fuerzas: las piernas las tengo algo pesadas y los gemelos un poco cargados, me planteo dejar la subida al Mulhacén cambiándola por un recorrido, mucho más suave por las lagunas, opción muy atractiva para mí ya que siempre me ha despertado un interés especial este paraje de la sierra (mitificaciones infantiles? supongo que debido a reminiscencias de mis primeras experiencias serranas). Al final decido intentar la subida. El sendero apenas visible en la distancia arranca junto al refugio natural de Siete Lagunas: una oquedad bajo las rocas suplementada con muretes de lajas al sur de la desembocadura de la laguna y unos metros por encima de ella.

Me acerqué para verlo y me sorprendió la cantidad de moscas y mosquitos que mi presencia puso en movimiento, no aconsejo pasar la noche en él, so pena de amanecer con multitud de ronchas y algún decilitro menos de sangre, no olvidar que acostumbrados a las recias pieles de los animales autóctonos, la nuestra les debe parecer pura mantequilla. Los restos de comida junto a algún otro desecho y la sombra proporcionada por las rocas propician que allí se reúnan buena parte de los insectos alados que ocupan estos lares.

Inicio la subida para un rato después convencerme de que me he equivocado al elegir la opción de subida. Madiada la Cuesta del Resuello a mí se me acaba el mío, las piernas apenas me responden y cada paso me supone un fuerte acto de voluntad: no merece la pena seguir, por lo que decido dar la vuelta aproximadamente en la cota 3.200 m. Volver a bajar, buscar uno de los nacimientos de agua que alimentan la laguna y sentarme a disfrutar, a la vez que me recupero comiendo algo.

Ya que estoy aquí decido hacer un breve recorrido por las lagunas más bajas, recorrido bastante menos exigente que el intento anterior y  que con el fin de avanzar en el proceso de recuperación afronto con mucha calma ya que se prolonga durante una hora y media, más que caminar me dedico a pasear. No llego a visitar las dos lagunas más altas para no castigarme demasiado consciente de que la bajada es larga y dura y mi estado de forma no es el óptimo.

Se me ocurre que después de todo no está mal haber sido capaz de mover mis ochenta y pico de kilos, junto con algunos mas adosados a la espalda de la mochila más de 1700 m. en subida para luego pasearlos por el recorrido de las lagunas y terminar bajándolos de nuevo hasta el pueblo. La subida al Mulhacén por este recorrido va a quedar relegada para otra ocasión en que la “fuerza me acompañe”.

A lo largo de la mañana, además de la pertinaz compañía de las dos perras, que con sus idas y venidas, unas veces adelantándose hasta perderlas de vista, para acto seguido regresar corriendo cerciorándose de que sigo por allí, otras volcando lomas con una agilidad envidiable siempre con la nariz cerca del suelo para que no se les escape el más mínimo olor, han hecho al menos cuatro subidas a la par que yo no he conseguido terminar una solamente.

Decía que además de esa doble compañía, a lo largo de la jornada me he ido cruzando con bastantes esforzados que habían elegido el mismo recorrido que yo, más un grupo que viniendo del Refugio Poqueira se encaminaron a través del “Canuto de la Altera” a conquistar la Alcazaba. Durante la bajada, a pesar del calor y la avanzada hora todavía me he cruzado con un par de parejas que afrontaban la fuerte subida aderezada por el intermitente sol que a veces conseguía abrirse paso a través de las nubes presentes durante toda la jornada.

Abajo, ya en el pueblo me demoro en el lavadero para refrescarme y lavarme un poco la sal de la cara acumulada por la sudoración de toda la jornada, momento que aprovechan mis dos acompañantes caninos para desaparecer sigilosamente, imagino que en busca de descanso y comida, o quizás en busca de nuevas y excitantes aventuras.





Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.