miércoles, 11 de abril de 2012

Sierra Castril I: Cortijo Nacimiento - Prados del Conde (Sierra de Castril - Granada)

De camino a Castril me sorprende el amanecer.

Las primeras visiones de la sierra.

La cerrada de Lezar desde la pista de acceso.

El collado engañoso ya que por encima queda otro tanto.

Desde el collado me vuelvo a admirar el barranco del río Castril.

Aspecto de estas sierras con protagonista especial: la erosión.

Desde el collado diviso casi todo el camino que queda por hacer.

Eras abandonadas, muestra de la continuada ocuapción de estas laderas serranas.

Extensas vaguadas practicamente desforestadas dedicadas al pastoreo.

Uno de los muchos abrevaderos avistados durante la jornada.

Cortijo y abrevadero de madera.

Se alternan las crestas calcáreas con las vaguadas de pastos.

Rediles confeccionados con piedra local en seco.

Refugio Prados del Conde.

Interior de una de las estancias del refugio.

Abrevadero junto al refugio con dos usuarios.

Hoy me han fallado las cabras, así que os muestro equinos.

Típico aspecto que presentan las crestas de esta sierra.

Aterrazamiento de las laderas para cultivos junto al río Castril, muy cerca de su nacimiento.

Nacimiento del río Castril.

Zona de aparcamiento junto al cortijo Nacimiento y bajo la tubería de suministro a la central.





Fecha: 14-3-2012                                                            Tiempos del recorrido
M.I.D.E.:2,2,3,4                                                                  8’30h  Salida
Duración: 7h  (41.100p)                                                      9’45h Corona el collado primero
Desnivel en subida acumulado: 1.100 metros                 11’30h  Refugio Prados del Conde
Rangos de temperatura: de 5ºC a los 26ºC


Pienso que no hay otra razón para que la Sierra de Castril reciba nombre propio a la vez que considerado como parque natural independiente del jienense Cazorla Segura y las Villas, que el ocupar una estrecha franja de terreno en la parte norte de la provincia de Granada justo en el límite con la de Jaén. En realidad es una prolongación natural del conglomerado de sierras jienenses que conforman el Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y las Villas. Basta ubicarla sobre un plano para reconocer que la diferenciación es exclusivamente administrativa y no geográfica.

Allá por el mes de abril del año pasado intenté este recorrido y me equivoqué siguiendo un sendero que no era, obviando el que era por recortar una gran curva donde nacía precisamente, por lo que me dediqué a ver el nacimiento del río Castril y las Cerradas de la Magdalena y Lézar, a las que dediqué la entrada correspondiente en el blog. Hoy con más información espero hacer el recorrido pensado para el año pasado y pospuesto por las incidencias que os explicaba en la entrada que hice en su día, con la esperanza de que el recorrido me salga como lo he planeado.

Si ubicamos el Parque Natural Sierra de Castril en el mapa enseguida llama la atención la forma que presenta: una estrecha franja de espacio  orientada de sur a norte teniendo en su base sur al pueblo del mismo nombre. En mi recorrido de hoy voy a recorrerlo en esa misma dirección y al completo. El primer tramo en coche hasta llegar al Cortijo del Nacimiento donde lo dejaré aparcado bajo la tubería que alimenta a la central eléctrica situada por debajo del cortijo, junto al río. A partir de ahí, ya caminando, hasta llegar a los Prados del Conde, ubicados en el extremo norte, casi en el límite superior a la vez que zona más alta del parque, cuyas mayores alturas son las alcanzadas por los picos de Mojón Alto (2.136 m) y el Cerro de la Laguna (2.068 m), flanqueando los prados de montaña.

Es un recorrido bastante exigente y en continua subida que me conducirá hasta los prados a los que, durante la primavera y el verano, se acerca la mayor parte de la cabaña ganadera de Castril. A la vez que será una introducción a las formas y costumbres de vida que han ido cambiando un medio bastante hostil por su dureza, pero de indudable belleza. La información consultada califica el recorrido con dificultad media – alta con un desnivel de 618 m. entre el punto inicial y el final y un tiempo estimado de 5 horas para recorrer los 12,3 km. de que consta. Es un recorrido lineal.

Tras circular durante unos 160 km. que son los que separan Granada del inicio del sendero, de los que los penúltimos 2 km. son de estrecha carretera asfaltada y los 9 km. últimos sobre una pista de tierra recién arreglada, aparco bajo la tubería que suministra el agua a la central eléctrica junto al cortijo Nacimiento.

Aquí nacen cuatro senderos que van a compartir el tramo inicial, publicitados en el panel correspondiente, más tarde se irán disgregando. Este tramo inicial se hace junto a una valla metálica que protege algunas propiedades privadas. Antes de terminar la valla ya me encuentro con un panel que reclama mi atención hablando de un pequeño bosquete de almeces, de origen atribuido a los árabes para aprovechamiento de sus ramas en la confección de astiles para herramientas ya que su madera presenta una relación peso-resistencia inmejorable.

A los quinientos metros de su inicio se bifurca ya el sendero, yo sigo el de la derecha para hacer el recorrido previsto para hoy: Prados del Conde. Al principio, ya en subida me lleva a través de iniestas o escobones, arbustos que pueden crecer hasta los dos metros y medio de altura con llamativas flores amarillas, utilizadas entre otras cosas para confeccionar escobas además de haber sido utilizados tradicionalmente por sus propiedades medicinales; para proseguir por una vereda serpenteante, reconocible desde abajo por los muretes de piedra que la soportan, que asciende por una loma rocosa. Es un tramo duro y engañoso, ya que cuando crees que has coronado, después de una fuerte subida, me percato de que queda otro tramo igual de exigente y tan largo como el anterior que hasta ahora quedaba oculto a la vista. En su día fue un camino de herradura que tras remontar la loma llegará hasta el collado desde donde puedo visualizar,  buena parte del valle del río Castril, situación que aprovecho consciente de que a partir de aquí desaparecerá de mi vista hasta el regreso.

Desde el collado, ya conseguida una altura de 1.500 metros me vuelvo para apreciar tanto el camino como la subida hecha, dándome cuenta de que en poco más de una hora que llevo he ascendido algo más de 400 metros, los dos terceras partes del total. A partir de aquí voy a recorrer una serie de vaguadas, coincidentes con los distintos barrancos que nacen arriba junto a los picos y que se van abriendo conforme pierden cota. Delimitadas a ambos lados por sendos collados ocupados a su vez por cortijos o refugios usados por los pastores en sus largas estancias con el ganado durante la primavera y el verano.

Si no hubiera conocido con anterioridad el tipo de aprovechamiento tradicional de esta sierra, hoy lo habría descubierto. Por la profusión de chozas y rediles, pero sobre todo por los abundantes abrevaderos vistos a lo largo del recorrido. Cada vaguada en su centro, coincidiendo con el barranco, hay una hilera de abrevaderos colocados en cascada para que el sobrante del anterior alimente el siguiente, con el fin de abrevar simultáneamente al mayor número de cabezas. La mayoría son de chapa (cinc) pero en algunos de ellos perduran los originales, aquellos fabricados de madera. Un grueso tronco (generalmente de pino salgareño por su durabilidad e impermeabilidad), ahuecado en el centro para almacenar el máximo de agua posible, e incluso, tallado el extremo de forma precisa para que el agua caiga en el siguiente ubicado un poco por debajo. Prueba de ello son algunos de los que he descubierto hoy que bien pueden tener una cincuentena de años y siguen ahí, cumpliendo su cometido.

En estos amplios barrancos predominan los pastizales salpicados de matorrales espinosos y arbustos como el escaramujo, el majuelo o el agracejo. Los árboles relegados a zonas más altas e inaccesibles donde hay algunos ejemplares de pino salgareño o algún tejo y encinas dispersas. Antiguamente la arboleda ocupaba zonas más bajas pero la deforestación abusiva para leña, construcción, abrir espacios para diferentes cultivos (centeno, garbanzos, patatas) o para aumentar las parcelas dedicados a los pastos la han relegado a las zonas altas en que las vemos actualmente. Hay que recordad que en esta sierra se cría una de las ovejas más afamadas de la región: la segureña, adaptada especialmente a altitudes comprendidas entre los 900 y los 1.800 metros por ser su antecesor el muflón.

A partir de ahora el camino se convierte en carril que ya me va a acompañar hasta el final de la etapa. En su recorrido puedo observar multitud de cortijos, eras, apriscos y algunas ruinas. El caminar por el carril tiene la ventaja de que la ascensión se hace más suave, subida que me hace llegar a una amplia zona conocida como los Prados del Conde, donde se abre el paisaje y aparecen las mejores zonas de pastos aprovechando la mayor humedad de estas alturas.

Algo más arriba todavía alcanzo un paraje rodeado de crestas donde está ubicado el refugio de montaña que recibe el mismo nombre y a un centenar de metros de él un enorme abrevadero con siete piletas escalonadas alcanzando en total los treinta y cinco metros de largo. De reciente construcción adopta la forma de ele. Las piletas de metal se soportan en muretes de piedra local cementadas, alimentadas por un venero que ha sido canalizado hasta la entrada en el abrevadero y cuyo sobrante se deja deslizar por la loma para alimentar los prados existentes ladera abajo. Existe una fuente más cercana al refugio pero la manguera que la debía alimentar está cortada por lo que no le llega el agua.

Es el refugio una construcción modesta con tejado a cuatro aguas cubierto de losas de piedra, compuesto de dos estancias independientes entre sí. Una con una chimenea, mesa para comer y algunos bancos, con un segundo nivel en alto habilitado como dormitorio sobre tablas. La segunda estancia, más pequeña, cuenta con chimenea también y una mesa y separado por un murete un pequeño dormitorio con dos camas. Equipado el refugio con placa solar que abastece a dos baterías usado para alumbrado. He apreciado un cierto abandono general y desgraciadamente, como es habitual en mis recorridos por las sierras andaluzas, basura en abundancia en sus alrededores, como si esperáramos la recogida nocturna diaria a la que estamos habituados en las poblaciones, olvidándonos de donde nos encontramos.
 
No me queda más que emprender la vuelta, ahora sin prisas me dedico a visitar los pequeños cortijos lindantes con el carril, todos desocupados actualmente y cerrados. Hoy sólo he visto un rebaño de ovejas en la zona y dos equinos en el abrevadero del refugio. El año es seco y se deja ver en los prados que no ostentan el verde intenso que por la época en que estamos debería mostrar. Nieve apenas quedan algunas manchas testimoniales en las laderas norteñas y rondando los 2.000 m.

No podía abandonar la zona sin acercarme a ver el nacimiento del río Castril, curiosidad que me cuesta casi otra hora de camino. En concordancia con toda la sierra, mana el agua de las rocas por cotas muy bajas. Recuerdo hace un año (15 de abril de 2011 cuando hice la anterior visita), que las aguas escapaban por las fisuras rocosas cuatro o cinco metros más altas que hoy, señal inequívoca de que los acuíferos andan escasos. La falta de lluvia de este invierno se hace notar miremos donde miremos: pastos, arroyos, barrancos y en estas sierras calcáreas los recursos si no se reponen acabarán por agotarse.
 




Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.