jueves, 27 de enero de 2011

Murallas y Puertas del Albaicín (Granada)

Vista parcial del barrio del Albaicín, desde la Alhambra.



Puerta  Elvira.




Puerta Monaita (Carril de la Lona).




Detalle de la Muralla.




Arco de las Pesas o Puerta Nueva, cara norte que da a Plaza Larga.




Calle escalonada del Albaicín.




Puerta de Fajalauza o de Los Almendros (cara sur).




Calle del Agua una de las arterias del Albaicín alto.





Paseo habilitado junto a los paños de muralla cerca de la zona residencial denominada Cármenes de Gadeo.




Lienzo de muralla donde se aprecia el sistema constructivo.




Postigo de San Lorenzo. Puerta que daba acceso a la zona de San Cristóbal.





Granada, 27 de enro de 2011



Para no llevar a engaño a ninguno de mis posibles lectores, anticiparé que hoy no voy a hablar de excursiones por las sierras, sino de paseos por la ciudad. El día no aconseja aventurarse por parajes serranos ya que la lluvia es segura e incluso la nieve, dependiendo de la cota que se elija. He tenido varias experiencias de caminar bajo la lluvia y aunque en la películas queda muy bien e incluso romántico, os puedo asegurar que en la realidad es muy molesto estar todo el día empapado independientemente de la temperatura que haga, yo al menos no disfruto y las salidas a las sierras de Granada para mí al menos, son y deber ser sinónimo de disfrute. Así que hoy me quedo en la ciudad y vuelvo a pasearme por al Albaicín. Quedan en la recámara otras visitas al mismo barrio y al del Realejo.

Para pasear por el Albaicín yo no necesito excusa, solo un rato libre, no obstante entiendo que para otras personas sea necesario establecer un motivo, perfilar una ruta o enlazar el discurrir por las calles con un hilo conductor. En este caso estos hilos pueden ser diversos y todos ellos muy válidos. Se me ocurre que uno podría ser la relación del agua con el barrio, básica para sustentar los cármenes y huertas tradicionales, otro el recorrido por las puertas y murallas defensivas, incluso otro más, la visita a través de sus iglesias, numerosas y diversas a la vez que enclavadas, muchas de ellas, sobre las mezquitas existentes anteriormente.

Voy a adoptar para el recorrido de hoy el motivo del sistema defensivo, murallas y puertas, bien representadas unas y otras por todo el amplio espacio que ocupa el barrio. Doy por conocido que el barrio del Albaicín es bastante más antiguo que su dominación árabe. Ya hubo asentamientos íberos, romanos, visigodos, cuyos restos han aflorado en diversos puntos. Pero no es menos cierto que la configuración y los restos más visibles a fecha de hoy son los heredados del periodo de la dominación árabe.

Vamos a percibir varias características comunes que se mantienen durante todo el recorrido por el barrio. Llama la atención la estrechez de la mayoría de sus calles, llegando en algunas a no permitir cruzarse dos personas, hoy en alguna de ellas he tenido que cerrar el paraguas. En todo el barrio no hay ni un solo ejemplo de lo que hoy llamamos avenida. Por otro lado el aspecto defensivo era primordial, hecho que se traduce en lo intrincado de las mismas, con quiebros continuos y ángulos pronunciados, baste para ello repasar un callejero del barrio. A esto añadimos que es el barrio con más cota de Granada, extendiéndose entre los setecientos a los ochocientos metros de altura lo que hace adoptar la “cuesta” o la "calle escalonada" como solución arquitectónica más común.

Situémonos entre los siglos VIII al XV que es cuando nace y vive el barrio su mayor población y florecimiento. Las luchas por el territorio entre las propias tribus (árabes, mozárabes y muladíes) y mas tarde por el empuje de los reinos cristianos estaba a la orden del día y la defensa era algo tan connatural a la existencia diaria como el comer. La lógica de la lucha la dictaban los intereses coyunturales, por lo que las alianzas mudaban según los objetivos a conseguir. Comparte el barrio esplendor con la Alhambra y de alguna forma el florecimiento de uno influye en el otro, para crecer juntos.

El recorrido se puede iniciar en la Puerta de Elvira, por varias razones, una porque es la puerta más baja y cercana al casco urbano de la ciudad, otro porque es el inicio de una de las vías de subida hacia el barrio y quizás la más popular aunque no necesariamente la más cómoda de andar y finalmente porque era la puerta más importante de la ciudad. Construida en el siglo XI por los ziríes daba paso al nacimiento de la Alhacaba, por un lado y por el otro a la calle Elvira. Sufre modificaciones en el reinado de Yusuf I (nazarita) y posteriormente con la invasión francesa. Actualmente se conserva el arco exterior de época nazarí flanqueada por dos torres, coronado por almenas todo el conjunto, el arco de herradura está formado con dovelas de piedra arenisca. Será declarado Monumento Histórico Artístico Nacional en el año 1896.

Hemos de subir por la cuesta Alhacaba, calle que tiene aproximadamente unos quinientos metros con un desnivel medio superior al 10% y que una la Plaza de la Merced con Plaza Larga, del que vamos a recorrer el primer tramo de unos ciento cincuenta metros y el más empinado. Calle empedrada con estrechas aceras invadidas generalmente por los coches.

A la derecha nos encontramos primero con la calle Zenete y posteriormente con el Carril de la Lona, (nombre que se le asigna por haber existido una fábrica de lonas para velas de barco) que tomaremos para encontrarnos enseguida la segunda puerta, la de Monaita (Puerta de la Erilla) y la muralla que la contiene. Es de origen zirí y unía las puertas de Elvira con la de las Pesas o Nueva. Junto a algunos paños de muralla y un torreón que la flanquea, se conserva la puerta principal compuesta por dos arcos de herradura contrapuestos. Los arcos están construidos con dovelas de piedra arenisca con dos puertas de madera forradas en su orígen de láminas de hierro. Es una de las primeras puertas de al-Ándalus que incorpora el sistema de recodo como figura defensiva tan habitual más tarde. El acceso desde el carril se hacía a través de tres rampas en zigzag que, sumado al desnivel que salvan, la hacían casi inexpugnable. Fue declarada en 1931 Monumento Histórico Artístico Nacional y restaurada en los 1998-1999, abandonada actualmente y sometida a actos de vandalismo. Tanto la puerta como la muralla delimitaban el barrio y lo separaban del barranco adyacente que era entonces la cuesta de la Alhacaba.

Sugiero seguir por al carril con excelentes vistas hacia la ciudad y saborear el callejeo para visitar San Miguel Bajo, Santa Isabel la Real o desviarnos un poco para la imprescindible visita al Palacio de Dar-al-horra hasta llegar hasta la Placeta Olivos, con un posible desvío hasta el Mirador de San Nicolás para descolgarnos posteriormente hasta el Arco de las Pesas o Puerta Nueva (junto a la Plaza Larga), pleno centro del alto Albaicín y asiento aun hoy dia del mercadillo.


Data como las anteriores del siglo XI. La vida de las ciudades se desarrollaba junto a sus puertas donde se establecían los mercadillos. Se cuenta que junto a las “pesas falsas” (colgadas encima de su arco), de los comerciantes pillados in fraganti con ellas, se colgaban orejas o manos, para que sirviera de escarmiento de los demás. Se distinguían tres grandes barrios en las laderas de la colina hoy conocida como San Miguel Alto con mezquitas y baños, uno situado en lo que hoy es Cuesta del Chapíz y Carril de San Luis “Rabad Baida”, el Albaicín central de Plaza Larga y Placeta de Fátima “Rabad Abbeyezin”, en el que se situaba la Mezquita Mayor, cuyo patio porticado almohade del siglo XIII con aljibe central aun se conserva adosado a la Iglesia de El Salvador y “Rabad Xaira” o de la carretera, mas dos espacios no urbanizados.


Junto a esta puerta arranca el callejón de San Cecilio, donde encontramos lo que queda de la puerta de Hizna Román, abierta en el lienzo de la muralla zirí, entre dos torres y con acceso recto. Una parte del pasadizo está ocupado por la ermita dedicada al santo en el siglo XVIII, el resto se encuentra en el patio de una casa particular.


Se situa otra puerta en el Carril de las Tomasas, por encima del convento, junto a el aljibe de Bibalbonud, denominada de los Estandartes, llamada así por ser en su torre donde se enarbolaba el primer estardarte cuando se proclamaba un nuevo rey.


Desde aquí a través de la Calle del Agua, Pagés y Cuesta de San Gregorio llegar hasta la Plaza Cruz de Piedra desde donde avistamos la cuarta puerta, la de Fajalauza o de Los Almendros, (nombre asociado hoy a las cerámicas con sus característicos colores azules, verdes y blancos de la cerámica granadina, fábrica que aun persiste junto a la puerta), comunicaba el barrio del Albaicín con el de Los Alfareros. Aunque al parecer en un principio era de recodo, actualmente sólo nos queda un pasadizo abovedado. Era la salida hacia El Fargue y Huetor Santillán. Está enclavada la Puerta en la muralla que se prolonga tanto a derecha, hasta coronar en la Ermita de San Miguel Alto, punto más alto del recinto amurallado, como a la izquierda, que tras cruzar la antigua carretera de Murcia llega hasta la parte baja de San Cristóbal, donde existe otra puerta que daba acceso a este barrio: Postigo de San Lorenzo.

Es el tramo más amplio de muralla que conservamos y podemos hacer un recorrido junto a él, ya que se ha habilitado un paseo, tanto en el sentido ascendente como en el descendente. Los agujeros que se ven a lo largo de toda la muralla son debidos a la forma de construcción empleada, ya que insertaban palos largos que atravesaban el muro a forma de tirantes para fijar los dos lados del encofrado de tablas antes de rellenar con argamasa. Después se retiraban los tirantes y se rellenaba los huecos con mortero pero con el tiempo la erosión los ha dejado de nuevo al descubierto.

Sólo nos queda seguir bajando por la Cuesta de San Antonio hasta salir a la calle Real de Cartuja junto al Hospital Real.




Sugerencia: calzar zapatro o bota con suela dura ya que casi todo el recorrido se hace sobre pavimento empedrado.