miércoles, 22 de octubre de 2014

Parque Natural Sierra de Huétor - Granada





Iniciando el camino.

Ruinas de carraletas para el ganado.

Invitación demasiado temprana al descanso.

Área del Parque por donde me voy a mover.

A media altura e izquierda entrada a la Cueva de los Mármoles.

Cueva de los Mármoles.

Escenificando la Alegoría de la Caverna Platoniana.

Fuente de la Teja y nacimiento del río Darro.

El abandono del paraje es patente.

Un recién nacido río Darro.

Compartiendo fondo de barranco, carretera y cauce.

Apenas iniciado y presumiendo ya de pozas.

El joven otoño aprendiendo a colorear.

Aunque ya mostrando soltura en el manejo de los colores.

Compitiendo.

En algún momento todos necesitamos apoyos.

Medio descarnado, aguanta.

es necesario pié de foto?.

Huétor Santillán.

Encuentro con el depredador.

Secuoyas en la carretera de Bolones.

Frutos otoñales.

Para no cansarse esperando la restauración.

Historiada entrada.

Algunas mataban los ratos libres haciendo tótems.

Acceso a los viveros.

Tres que quedaron olvidados.



Fecha:02-10-2014                                                                     Casa Forestal Peñoncillos                      8’00h.
M.I.D.E.:2,2,3,3.                                                                         2º Mirador                                                 8’45h.
Duración: 6h30’  Semicircular (18’5km)                            Fuente de la Teja                                      9’30h.                       
Desnivel en subida: 624 metros                                              2º Nacimiento                                         10’30h.
Rangos de temperatura: de 15ºC a los 20ºC                         Cerro de la Cruz                              11’45 – 12’00h.
                                                                                                       Casa Forestal Peñoncillos                    14’30h.


Ayer miércoles, ocupé el día en labores alienantes y manuales pero imprescindibles, por lo que no lo pude emplear para salir a la sierra. Para cumplir la ley de las compensaciones, hoy lo he dedicado a caminar por el Parque Natural Sierra de Huétor.

Tenía decidido el punto de partida y por ende dónde finalizar, dejando –conscientemente- todo el recorrido con sus posibles variantes sin definir, seguro de que ya se irían llenando las lagunas a lo largo de las horas. He dejado la decisión al momento, cuando me encontraba ante la disyuntiva de escoger, ciñéndome solamente a dos imperativos: que la mañana amenazaba lluvia y que quería hacer un recorrido lo más circular posible.

Condicionado por la primera de las dos premisas no he querido alejarme mucho del inicio por si tenía que regresar de prisa y corriendo. El inicio en la Casa Forestal Los Peñoncillos (autovía A-92, salida 259) abría varias posibilidades. Una vez aparcado he avistado el comienzo del sendero “Cañada del Sereno” y por él me he adentrado. Es éste un recorrido circular de alrededor de 12’5 kilómetros que discurre una de las zonas más bonitas del Parque, ya que combina zonas pobladas por pinos con otras de encinas, tramos que por ir junto a cauces de arroyos se disfruta la típica vegetación de ribera, otros en que se camina sobre roca junto a otros en que la tierra tiene mayor presencia. En definitiva un recorrido variado en cuanto a suelo y vegetación.

Hoy el bosque, principiado el otoño, cuando los animales no tienen que atender la crianza ni la defensa del territorio, cuando la alimentación no es un problema por la multitud de frutillos a disposición, muestra su cara más risueña. No enseña la algarabía y ajetreo de la primavera, sino una sensación de tranquilidad, paz, bonanza. La excelente temperatura ayuda.

El sendero -muy marcado-, comienza unos metros antes de llegar a la Casa Forestal. En suave pendiente y a tramos con piso de roca, va a ir recorriendo diferentes colinas, pasando junto a antiguas construcciones, ya en desuso (corraletas para el ganado) y al menos tres miradores; los dos primeros artificiales, el tercero aprovecha un saliente rocoso en altura para mostrar excelentes vistas, al que ya no llegaré.

Las paradas en los miradores es obligada si se quiere apreciar una parte de esta zona sureste del Parque. Desde el primero destaca la Dehesa de Bolones –una de las más espesas y variadas en poblaciones vegetales que engloba la propia Casa Forestal y sus alrededores-, el barranco que da salida natural al río Darro -límite del propio Parque-, extremo sur que aprovecha el propio río para abandonarlo discurriendo por la angostura delimitada por el Maullo a derechas y Cerro de la Cruz a la izquierda e irrigar las huertas de Huétor.

Sigue el sendero ascendiendo hasta alcanzar el segundo mirador. Aunque de orientación similar al anterior, su mayor cota permite abarcar mayor espacio. Aquí entra un elemento nuevo que va a determinar mi nueva trayectoria en la caminata de hoy. Avisto en las faldas del cerro Púlpito la Cueva de los Mármoles, lo que me hace abandonar el sendero que traigo para tras coger otro que se descuelga ladera abajo dirigirme hacia la cueva.

No es desconocida para mí pero siempre han despertado un gran interés y atractivo estas cavidades naturales en mi imaginación, por lo que no me resisto a visitarla. Durante la bajada, caminando bajo pinos que alcanzan la veintena de metros, cuyas copas mece el viento, mientras aquí abajo apenas llega además del susurro del aire una ligera brisa que acaricia mi piel. Siempre he sentido una sensación de bienestar y protección cuando camino por cerrados bosques, que desgraciadamente, aquí en el sur, suelen ser casi en exclusividad de pinos.

Es una amplia cueva con diversas entradas separadas por columnas pétreas que no sabría asegurar si son de mármol (a pesar del nombre) u otro material. Usadas tradicionalmente para la pernocta del granado, agrandaba su espacio complementando la entrada con un muro de piedra apilada en seco para aumentar su capacidad, hoy en desuso y medio derruido se esparcen las piedras por los alrededores, ya que los rebaños que quedan en esta sierra pernoctan en cortijos y por lo tanto nadie se ocupa del mantenimiento.

Sigo bajando para (ya en el barranco Polvorite) acercarme hasta el paraje de la Fuente de la Teja. De gran tradición senderista este enclave en medio de la sierra, alegraba al caminante con un nacimiento de agua que alumbraba la montaña llenando una pileta a través de una teja moruna (de ahí el nombre). Hoy todo abandonado y perdido. Curiosamente he apreciado bastante más actividad en la zona, intensiva y extensivamente por parte de los jabalíes que por el propio personal del Parque: lastimoso.

Aquí nace el río Darro, ese corto río granadino que los árabes eligieron para suministrar del preciado líquido a la fortaleza defensiva y palacios reales de la Alhambra. Apenas un “hilo de agua" que comienza a "corretear" barranco abajo. Algo antes ya se intuía la humedad por la presencia de los “acusadores” juncos, pero el líquido aun no afloraba a la superficie. Acompañaré estos primeros pasos del río ya que ambos, río y pista por la que camino, recorren el fondo del cerrado barranco que compartirán a lo largo de algo más de un kilómetro; luego seguirán direcciones dispares.

El caudal ha crecido durante este corto trayecto, ha sumado otras surgencias que el terreno propicio hace aflorar. La arboleda que se desarrolla junto a él es la típica de las zonas húmedas, relegando los pinos a las laderas de las montañas. Aquí dominan los juncos, las zarzas, incluso en zonas más umbrías los helechos. Algunas yedras se encaraman en rocas y árboles buscando sustento y luz.

Todavía se mantendrá en superficie un tramo más, hasta llegar a una antigua zona recreativa,  totalmente abandonada -e incluso olvidada- donde tras llenar un pequeño estanque, decide desaparecer de nuevo. El lecho del cauce, más arenoso y con abundante piedras se presta para su ocultamiento. Volverá a aflorar más abajo, ya de forma definitiva en el paraje denominado como “los nacimientos”, junto a una construcción en que comienza la canalización hacia Huétor Santillán.

Esto se produce justo en el límite sureste del Parque, a los pies del Cerro del Maullo, casi cuando ya avistamos las primeras casas de Huétor Santillán. Llegado a este punto entiendo que me estoy alejando demasiado y cambio de rumbo. Localizo un sendero que asciende la vertiente izquierda del río buscando una pista forestal que la recorre a más altura. Vuelvo a caminar entre pinos, pinar que ya no abandonaré en el resto de jornada.

Llegado a la pista forestal, decido recorrerla en dirección sur con la intención de alcanzar el Cerro de la Cruz (1368 m.). Dentro del término municipal de Huétor Santillán, a éste cerro lo corona –como no podía ser de otra manera- una gran cruz metálica negra (en sustitución de una anterior de madera que según la tradición la derribó un rayo), como representación del "axis mundi". Desde su cima se abarca no sólo la población de Huétor y la vecina Beas, sino buena parte de la mitad superior del recorrido del Darro, Puerto Lobo, gran parte del Parque, la depresión de Granada y la velada Sierra Nevada que hoy las nubes ocultaban celosamente.

Comienzo el tramo lineal del recorrido, ya que la bajada y los dos primeros kilómetros de la pista de regreso son los mismos hechos a la ida. Esta pista de Bolones, da servicio y recorre la dehesa y casa forestal del mismo nombre, ocupando un amplio y grato lugar en mi memoria. Desde los tardíos años cincuenta en que me llevaron a ella un frío día de invierno cuando una ligera nevada, había conseguido consolidar un par de centímetros de nieve, permitiendo que nuestras pequeñas pisadas se fueran marcando en el terreno virgen a la vez que en mi joven memoria, este recorrido siempre despierta sensaciones muy placenteras en mí.

A media pista se encuentra la antigua Casa Forestal, abandonada durante años a su suerte, -a su mala suerte-, siendo milagroso que consiga mantenerse en pie. Atractiva construcción que ocupa una colina asomándose a media loma, desde donde se domina buena parte del Parque. La abundancia de árboles frutales en sus alrededores y algunas construcciones e infraestructuras de riego que permanecen hablan de lo bien equipado que tuvo que estar este emplazamiento. 

La visión de una destartalada y deteriorada hamaca vacía, abandonada junto a la puerta principal, bajo techado, insinuando las largas décadas que lleva la casa esperando que alguien se decida a proponer la restauración del edificio. No sé por qué, me vino a la memoria alguna escena indefinida de Macondo.

Un par de kilómetros me separan del punto de partida elegido esta mañana como inicio. Una vez terminado el recorrido, dejo la mochila y los bastones en el coche y sólo con la cámara me acerco a la edificación de Los Peñoncillos. Edificio al que nunca he entrado y que quiero conocer hoy. Es una propiedad privada por lo que comienzo pidiendo permiso. Se usa la construcción como sede para impartir algunos cursos sobre labores propias de los guardas forestales y otros divulgativos del Parque.

Todavía, tras recorrer un par de centenares de metros, me acerco a lo que en su momento fue una serie de parcelas abancaladas y escalonadas que servían de vivero para la repoblación de todos estos montes. Se encaramaban en la colina, casi desde el nivel de la antigua carretera nacional, asentándose colina arriba al menos una docena de amplias parcelas (en alguna de ellas quedaron olvidados algunos ejemplares que han prosperado), con un sistema de riego que provenía de la parte superior donde todavía se puede ver una fuente, prácticamente perdida, ya que apenas consigue alumbrar unas gotas de agua.

Junto a la construcción principal un campo de fútbol con piso cementada que alternaba su uso con la de cancha de tenis, delimitando todo su perímetro una hilera de altos y cerrados cipreses que hacían de valla vegetal, no en vano estamos en un antiguo vivero.



Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.