miércoles, 16 de abril de 2014

Cámara de carga central eléctrica de Dúrcal (Dúrcal - Granada)

En las cercanías de Dúrcal los almendros nos indican en que estación estamos.

Todos en flor aunque ya la brisa se encarga de desojarlos.

A primera hora la bruma era la dueña de la depresión.

Cerrillo Redondo que nos ha servido de referencia en los primeros compases.

Las nubes una vez superada la Silleta se deslizan loma abajo.

Perfectamente camuflado entre la vegetación, aun teníamos ganas de sonrreir.

Después de dos horas seguían fijas en su empeño.

Toda esta sierra muy semejante a los Alayos de Dílar y Trevenque, no en vano es clara continuación.

La caseta de la Cámara de carga ya se deja ver casi en la cumbre.

Aprovecho un momento en que se retiran las nubes bajas para captar Dúrcal,

Junto a la caseta de la cámara aparecen los primeros indicios de nieve.

El primer tramo sobre el trazado de la acequia no anticipa lo que vendrá.

"Cojín de Monja", "Asiento de Pastor" (Erinacea anthillis) disimulando sus púas.

En los barrancos y hondonadas las nubes echaban un pulso al sol.

El recorrido, en la cota 1.600, presentaba este aspecto.

Algunos espolones pétreos aguantan mejor la erosión.

Y por aquí ya era complicado transitar.

Al final la nieve y la pérdida del sendero nos señalaron el fin de nuestro avance y mi compañero seguía sonriendo.

Poco más abajo el terreno no presentaba dificultad alguna.

De nuevo las nubes, siempre más bajas que nosotros, trataba de ocultarnos el pueblo.

Junto al punto más alto del día y con el cerro del Caballo de fondo.

Hasta aquí nos desplazamos para contemplar las panorámicas (1.705 m.).

Juegos de luz y sombras: simetrías. Queriendo ver el lado positivo de lo que no debía estar.

Estructuras aparatadas junto a la caseta de la Cámara de carga.

Central eléctrica o simplemente la "fábrica de luz".


Fecha:19-2-2014                                                    Los Mandarinos                             8'00h.
M.I.D.E.:2,2,3,3.                                                       Cámara de carga                          9’30h
Duración: 5’30h. (Lineal)                                       Collado junto Caseta                   11'00h   
Desnivel en subida: 730 metros                             Los Mandarinos                           13’30
Rangos de temperatura: de 0ºC a los 12ºC          


El recorrido que me he propuesto para hoy es totalmente inédito para mí, aunque es cierto que conozco su extremo superior por coincidir en él, justo en el cruce del río, el paso de la etapa 2 del Sulayr (Cortijuela - Rinconada de Nigüelas), aproximadamente en su mitad, donde nace la acequia que va a alimentar el canal de la central eléctrica de Dúrcal o sencillamante “la fábrica de luz” para los durqueños y que ya recorrí en su día.

Hoy, tras las inapreciables indicaciones de hace un par de semanas de una pareja de la policía local voy a intentar recorrer la subida desde el restaurante Los Mandarinos, a pie de antigua carretera (Granada – Dúrcal), hasta la toma del canal, alargándola algo por los alrededores según las ganas o la curiosidad determinen.

Mis recuerdos primeros de Dúrcal era cuando, relativamente crío, nos acercábamos hasta esta población con el tranvía, trayecto que duraba alrededor de una hora ya que tenía paradas múltiples a lo largo del recorrido (Armilla, Alhendín, Padul). Este tranvía pensado, en un principio, para enlazar Granada y Motril, se quedó corto muriendo en Dúrcal en 1924. Algunas informaciones apuntan que incluso se prolongaron las obras hasta Órgiva, pero que unos desprendimientos las arruinaron no retomándose después.

Una de las razones de ésta central eléctrica era la de suministrar energía para el mencionado tranvía. En su momento fue una de las obras de más envergadura de su época e incluso su salto en algún momento fue el mayor de la península con más de 650 metros de desnivel.

A última hora recibo la llamada de un amigo (Antonio M.) para informarme que tiene el día libre y tras preguntarme si sigo saliendo los miércoles, unirse a la expedición. Yo encantado por dos motivos, es una persona con la que siempre me he llevado bien ya que compartimos criterios y posturas; por otro lado entiendo que el ir acompañado tiene beneficios: una jornada mucho más amena ya que compartir actividades con los demás siempre “socializa”.

Así que tras informarse de donde tenía previsto ir hoy, quedamos para encontrarnos e iniciar la jornada. Tras acercarnos hasta el restaurante Los Mandarinos decidimos ascender motorizados por el carril un trecho hacia arriba para quitarnos esos escasos tres kilómetros que se hacen largos en la ida y muy fatigosos a la vuelta, para acabar aparcando en un ensanche de la propia carretera, unos metros por encima de donde nace, primero un carril que da servicio a un cortijo para convertirse poco más adelante en vereda, sendero que ya no abandonaremos hasta bien arriba.

Asciende en sus primeros metros por las lindes de un campo de almendros en plena floración, pero pronto dejaremos atrás los frutales para acercarnos al pinar y adentrarnos en él, durante el resto de jornada será el árbol predominante. Más arriba compartirá espacio con algunas chaparras y poco más. Esta sierra de Dúrcal es continuación geológica de los Alayos de Dílar y el Trevenque. La misma composición y aspecto por lo que el sendero después de atravesar alguna amplia rambla de arena asciende sinuoso con mucha piedra pequeña y suelta.

En este primer tramo de subida siempre vamos a tener a nuestra derecha y sirviendo como referencia el Cerrillo Redondo que haciendo honor a su nombre nos muestra su redondeada silueta. Está poblado profusamente de pinos y mantendrá su llamativa forma, cuando una vez superado, lo sigamos avistando desde una posición más elevada. El esfuerzo por ascender la pertinaz pendiente es mitigado por la fresca y a ratos fuerte brisa que recorre la loma. Mientras, más abajo, las nubes, asentadas en la depresión, empiezan a moverse por las corrientes térmicas despertadas por el sol. Unas ascendiendo por las lomas, otras descendiendo tras haber desbordado la Silleta del Padul.

Antonio, mi compañero de fatigas puntual y ex-compañero laboral durante muchos años, ha cogido la delantera y afronta las distintas rampas con ímpetu resuelto y cara sonriente. Yo prefiero seguir a mi paso algo más tranquilo, sabedor de que arriba coincidiremos. Al final divisamos la caseta de la cámara de carga y tras un último esfuerzo nos plantamos en la explanada junto a ella (1.630 m.). Me atrae la atención una serie de balates que escalonan las inmediaciones, formando una serie de minúsculas paratas que por su estrechez no he sabido adivinar su fin, quizás algún intento de siembra de almendros?.

Junto a la caseta nos encontramos las primeras nieves, escasos parches blancos que decoran las umbrías. Más tarde en nuestro seguimiento por el trazado de la acequia, irán ocupando mayor espacio hasta cubrir por completo tanto el terreno como la vegetación en su totalidad. Esa será una de las razones por las que no podamos proseguir en persecución de la meta establecida: su inicio; otra, que la abundante vegetación no nos deja proseguir, o que simplemente no hemos sabido mantenernos sobre el sendero que hemos acabando por perderlo. Decidimos regresar.

Desde la distancia, que generalmente se ven mejor las situaciones, apreciamos que podíamos haber esquivado, rodeándolo por abajo, ese punto conflictivo que ha provocado nuestro abandono ya que más adelante lo divisamos claramente marcado atravesando la loma. Asumimos que ya tenemos un motivo para retornar. Hemos avanzado alrededor de media hora por el recorrido de la acequia. De nuevo junto a la caseta decidimos seguir unas rodadas, que en su día gozaron de mejor salud, que ascienden loma arriba buscando la cima.

Alcanzado el collado se bifurcan, iniciando el descenso unas y remontando hasta una pequeña caseta en la cima de un cerro lateral, la otra. Nos dirigimos hacia la segunda porque presentimos que vamos a disfrutar de buenas vistas desde allí. Va a ser el punto más alto de nuestra incursión en esta sierra de hoy (1.705 m.). Una vez arriba y ávidos de más marcha, acordamos descender por una pequeña línea de crestas que nos acercan a la vertical de Dúrcal. No nos engañamos y desde arriba dominamos toda la amplia depresión donde se asientan las poblaciones de Padul, Dúrcal, Conchar y Cozvijar, quedando Nigüelas escondida a los pies del Cerro de la Cruz, cota menor a la nuestra, cerro que también lo tenemos a la vista.

Ni que decir tiene que al este campea majestuoso el Cerro del Caballo, con un apreciable manto de nieve ya que las últimas borrascas han entrado por el sur y han sido generosas con esta esquina de la sierra. Tras regresar, de nuevo, hasta la cámara de carga donde nos quedamos un rato tomando algo y disfrutando de la grata temperatura que el sol ya proporciona, iniciamos el largo descenso.

Los senderos que existen en este tipo de terrenos son más molestos en su descenso que en la subida. El estar totalmente cubiertos de pequeños cantos y piedras, son habituales los resbalones, por lo que hay que caminar con atención y tensión continua para evitar percances. No tenemos prisa ya que la jornada, entre unas cosas y otras, ha quedado corta por lo que nos lo tomamos con calma. Incluso nos asomamos en algún momento al profundo barranco lateral para contemplar el gran “río de arena” que discurre por su fondo, ya que agua en ningún momento se ve.

De nuevo, abajo, junto al coche (975 m.), iniciamos el corto trayecto de estrecha carretera asfaltada que nos va a acercar de nuevo hasta el restaurante, punto de referencia e inicio de este recorrido.

Ha sido una corta jornada serrana pero intensa en tranquilidad y que, al menos a mí, me ha servido para retomar unas relaciones que por distanciamiento laboral (yo jubilado, él activo aun), habían quedado hibernadas durante unos años. Si las sensaciones de mi amigo Antonio han sido similares a las mías, no tengo la menor duda que ambos encontraremos alguna próxima ocasión para compartir otra agradable jornada serrana.  




Recordatorio: en nuestras salidas al campo sólo debemos dejar nuestras pisadas, todo lo demás: impresiones, fotos y residuos (orgánicos e inorgánicos), deben regresar con nosotros.