sábado, 26 de octubre de 2013

Granada: botellódromo (daños colaterales de un regalo envenenado).

Estado del recinto después de una "miniconcentración".

No sólo se vierten en el suelo licores sino algunos desechos humanos.

Los contenedores están para que queden bien en la foto.

Creo que ostentamos el actual record de afluencia para beber (+30.000 asistentes).




Botellódromo (regalos envenenados - Granada).


A veces nos cuentan situaciones que son difíciles de creer si la persona que las cuenta no es muy fiable, sin embargo cuando nos ocurren a nosotros no tenemos más remedio que asumir que la realidad a veces es mucho más “creativa” que cualquier situación imaginada.

Hace unos años nuestro alcalde rehabilitó un espacio junto a la salida a la circunvalación de Méndez Núñez, transformando un erial en un parque urbano, dedicado originalmente a las bicicletas y al disfrute del monopatín. Después vino la “moda” de los botellódromos y nuestros gestores municipales quisieron ser los primeros en habilitar un espacio público dedicado a la bebida, para lo que designaron el mismo espacio alegando su excelente ubicación y la “carencia de vecinos”, al parecer nosotros (Cañaveral, Santa Fé, Santo Tomás de Villanueva, etc.) no pagamos impuestos y por lo tanto no existimos.

Aunque ahora a nuestro regidor no le guste que se lo recordemos, allá por el año 2004 llego a convocar a los jóvenes de su partido: "Bienvenidos a Granada y disfrutad del botellón, que está bien ordenado". El dispositivo policial no pudo contener ese año a las más de 13.000 personas que se dieron cita en Granada para celebrar la Fiesta de la Primavera.  Ese récord quedó más que duplicado en años sucesivos, llegándose a congregar hasta 25.000 jóvenes en las últimas ocasiones por lo que se tienen que cerrar algunos accesos aledaños. Actualmente se cifra en casi un millón de euros el coste de la limpieza anual del espacio y se retiran de 600 a 800 toneladas de basura.

Y así pasó lo que en un principio era un moderno parque ubicado encima de un garaje público a ser un “bebedero municipal”. Sólo que la policía municipal miraba y mira para otro lado cuando los usuarios/as orinan entre los coches aparcados, a las puertas de la Piscina Municipal aledaña o como es el caso que traigo hoy, en su retirada se dedican a romper espejos retrovisores, cristales o simplemente a violentar coches (todos ellos daños colaterales). Eso sí disfrutamos todas las mañanas de un “agradable aroma” primero a orines y después de que pasen las brigadas de limpieza a zotal en el intento de desinfectar la zona.

Los que tenemos cierta edad y no hemos tenido problemas con la justicia mantenemos la idea de que la justicia es equivalente a equidad, derecho, rectitud, etc. sin embargo no se si achacable a la precariedad de fondos tan cacareada últimamente o a la relajación del propio sistema no parece que funcione, al menos, como en mi ingenuidad creía.

Os cuento. Hace unos meses varios gamberros al terminar su estancia en el botellódromo de Granada (magnífico espacio que habilitó nuestro alcalde actual para el consumo de alcohol para nuestros jóvenes y regalo envenenado que nos hizo a los vecinos del barrio: gracias señor alcalde), se dedicaron en su retirada a destrozar coches, como tantas otras veces, que casualmente estaban en su recorrido. Tuvieron “mala suerte” (ya que no es frecuente) que coincidió que una patrulla de la policía local (enhorabuena) pasaba y los pillaron (tras la consabida persecución) con la manos en la masa, al menos a uno de ellos, menor de edad para más señas.

Nos dejaron una nota en el parabrisas informándonos de que, si lo creíamos oportuno, fueramos a denunciar los hechos al cuartel de Las Palmitas. Tras presentar la denuncia junto con la valoración de los daños causados en el vehículo y constatar que la coordinación entre la policía nacional y el Juzgado de Menores dista mucho de ser ejemplar, me olvidé del asunto consciente de que estas cosas llevan su tiempo.

Cuando ya me había costado el dinero reparar la puerta forzada por el intento de robo y casi me había olvidado del incidente me llega la notificación del Juzgado de Menores número 1 citándome como testigo y perjudicado para el próximo juicio a celebrar. Aclarar que todos tenemos la obligación de asistir a los requerimientos judiciales salvo causa mayor debidamente justificada, o nos exponemos a una posible sanción económica, que creo recordar que puede llegar hasta los 600 euros.

Me presento en el juzgado y después de un rato de espera, se me ocurre entrar a las oficinas para preguntar por “mi caso” (anticipar que mi experiencia en situaciones similares es prácticamente nula), donde me informan que se ha suspendido la “vista” por fallecimiento de uno de los progenitores de la Secretaria del mismo. Ya me citarán de nuevo.

Pasado algo mas de un mes recibo una nueva citación que por estar fuera de casa durante el horario de reparto del correo, me cuesta desplazarme hasta Puerta Real a recoger el certificado, donde me citan nuevamente para una próxima fecha en que está previsto de nuevo juzgar el hecho.

Nuevo desplazamiento hasta la calle Arabial para tras otro rato de espera, ya con algo de experiencia, acercarme hasta las mesas de las administrativas y preguntar por mi “causa”. Tras visualizar una pequeña debacle entre el personal consigo enterarme de que al parecer una de las citaciones no se había cursado correctamente y al presunto culpable no lo iban a trasladar desde Málaga para que pudiera estar presente en la vista. Me enteré además de otras incidencias totalmente desconocidas para mi y que al parecer tenían difícil solución para la guardia civil, encargada de los traslados y de fácil resolución para los que estábamos allí, que no vienen al caso. Nueva suspensión.

Pasados otros dos meses (agosto es inhábil para el poder judicial) recibo una tercera citación para el día 17/09/2013, a las 12 horas en que está previsto el juicio de marras. Hoy parece que si se va a celebrar la vista aunque me informan de que hay un “cierto retraso”. Después de algo más de una hora en la sala de espera del juzgado con bastantes menos asientos que asistentes, lo que nos obliga a más de la mitad de las personas congregadas a estar de pié, nos informa una de las funcionarias del juzgado, nombrando a los testigos citados que ya podemos abandonar el juzgado.

Ante mi sorpresa me intereso por la vista y pregunto: ¿se ha vuelto a suspender? A lo que me contesta que no: se ha celebrado y ya recibiremos en nuestros domicilios una copia de la sentencia. Automáticamente me pregunto, movido seguramente por mi ignorancia: ¿si mi presencia no era necesaria para la celebración del juicio por qué me han hecho perder tres medias mañanas, desplazarme entre unas cosas y otras en mas de seis ocasiones para luego no llamarme siquiera para declarar en calidad de testigo o de perjudicado?.

Evidentemente no parece que la justicia sea sólo “ciega” sino que seguramente tiene alguna minusvalía añadida lo que justificaría que a un “perjudicado” por un acto delictivo, que no tiene seguridad de cobrar los desperfectos ocasionados en su vehículo de obligada reparación para poder seguir usándolo en sus labores diarias, tenga que perder alrededor de veinte horas, todas ellas en horario laboral matutino, para luego informarle y eso a petición propia: ya se puede ir que esto ha terminado.

Entiendo que algo no funciona y ahora soy algo más consciente de la realidad de aquella famosa frase pronunciada por un político hace ya muchos años: “la justicia es un cochondeo”, aunque ciertamente para unos más que para otros.

Nota: a fecha de hoy (26/10/2013) sigo a la espera de recibir la sentencia y sin saber si conseguiré que me abonen los gastos ocasionados en mi vehículo un año de estos, con suerte antes de que por vejez lo de de baja.